No a la guerra
No os voy a mentir. Conforme avanzan las semanas, allá por Oriente Próximo las cosas se ponen más feas para todos los países de esa región y, por supuesto, para el resto del planeta. Del concepto de guerra convencional –que incluye la parálisis del Estrecho de Ormuz– hemos pasado a una contienda energética de peligrosos ataques a refinerías, gasoductos, desaladoras y alrededores de centrales nucleares. ¿Qué clase de locos se atreven a jugar con el gas natural, con el petróleo, con las instalaciones que riegan de agua potable a los millones de habitantes de los países del golfo Pérsico? ¡Están en juego millones de vidas! Por no........
