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No a la guerra

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20.03.2026

No os voy a mentir. Conforme avanzan las semanas, allá por Oriente Próximo las cosas se ponen más feas para todos los países de esa región y, por supuesto, para el resto del planeta. Del concepto de guerra convencional –que incluye la parálisis del Estrecho de Ormuz– hemos pasado a una contienda energética de peligrosos ataques a refinerías, gasoductos, desaladoras y alrededores de centrales nucleares. ¿Qué clase de locos se atreven a jugar con el gas natural, con el petróleo, con las instalaciones que riegan de agua potable a los millones de habitantes de los países del golfo Pérsico? ¡Están en juego millones de vidas! Por no mencionar la estabilidad de la economía mundial. Que alguien, por favor, le diga a Donald Trump que ha sido suficiente, que no secunde más a Israel, que salga cuanto antes del avispero, no sea que nos hundamos todos juntos, además del régimen de los ayatolás.

Ya bastante tenemos en Europa con lo nuestro, ahora que sabemos que Estados Unidos pretende dejar de ser ese paraguas que prácticamente costea esa OTAN que nos defiende –Trump no pierde ocasión de mostrarnos el futuro que nos espera– y nos tocará rearmarnos, mientras entonamos el eslogan del no a la guerra. Esta contienda de Irán la notamos, de entrada, en las gasolineras, pero el Banco Central Europeo ya nos avisa de que, cuanto más se alargue, más cuesta arriba se nos pondrá la inflación y más cuesta abajo el crecimiento. Si el español medio lo pasa regular para llegar a fin de mes, no quiero ni pensar en el medio plazo.

Con semejante panorama, ¿qué más dará que no haya Presupuestos? A grandes rasgos, ese es el mensaje/excusa que lanza nuestro Gobierno, esperando que nos lo traguemos. Total, nadie va a salir a las calles a protestar... Si lo pensamos, es inaudito que a los ciudadanos se nos exija rigor con nuestras cuentas y, sin embargo, quienes administran el erario público se permitan el lujo de vivir en el limbo, con el piloto automático de unos Presupuestos caducos de 2023.

Las cuentas saldrán, pero solo cuando a La Moncloa le vaya mejor que salgan (como siempre). Se aprobarán en consonancia con sus cálculos electorales, no sea que se le estropeen más al PSOE las elecciones autonómicas andaluzas.

Otro día analizaremos el fenómeno de la extrema izquierda fragmentada y, en el horizonte, la perla Rufián/Montero, un experimento que tendremos ocasión de ver y escuchar en abril, en su debut barcelonés. SUMAR se desmorona, Gabriel Rufián tiene ansias y el PSOE le apoya, aunque me extraña que Oriol Junqueras apruebe lo de su colega con Podemos.


© La Razón