Delcy y Puigdemont
Continúa ocasionalmente la alicaída y artificial polémica sobre el uso que deben hacer o no los americanos de las bases españolas en su guerra con Irán. Es una discusión de proclamas falaces porque Trump y Sánchez son, en el fondo, dos caras de una misma moneda: el presidente-postureo.
Después de posar con rimbombancia, ambos al final hacen lo de siempre. A Trump le gusta posar de chulo y a Sánchez de héroe justiciego.
Han leído bien: he escrito justiciego y no justiciero. Un héroe justiciego es ese vengador que desempeña su labor chocando con el mobiliario urbano y las farolas sin resultados de gran eficacia.
Pero ¿en serio alguien se cree que un gobierno incapaz de hacer que su policía regional detuviera a Puigdemont cuando se paseaba por la calle va a controlar lo que hacen las tropas de Trump en una base americana? Da risa solo de pensar que, incapaces de capturar a un pueblerino malpeinado, aspiren a meter en cintura al Pentágono. Hablamos de un gobierno que también fue incapaz de hacer cumplir las leyes europeas cuando a la vicepresidenta de un dictador (y amiga personal de Zapatero) se le metió en el unicejo aterrizar en el suelo europeo de nuestro país aunque lo tuviera prohibido por la UE. Hay aquí tan poca capacidad de hacer cumplir ningún tratado como de conseguir hacer unos presupuestos.
Norteamérica tiene trece mil aeronaves. Nosotros, quinientas. Tienen once portaviones de propulsión nuclear y nosotros uno, que además solo sirve para aviones de despegue vertical y del cual Beatriz Corredor no ha sido capaz de aclarar si se propulsa por gas butano o fotovoltaica.
Reconozcámoslo, los americanos disimularán y harán lo que quieran en Rota. Y, a ratos, tendrán ensoñaciones humorísticas sobre enviar la Delta Force a secuestrar al ministro Bolaños, para ponerlo de muñequito con muelle en el salpicadero del Cadillac de Trump.
