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Chaperos de opereta

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10.03.2026

A mí, los chaperos nunca me interesaron de joven y tampoco me van a interesar ahora. Ponerse una chapita en la solapa y hacerse el justo y el bueno opino que no sirve para nada más que para calmar la conciencia individual mientras no se hace nada. Me parece más útil deliberar sobre cuál es el papel que queremos para Europa y promover leyes en la dirección eficiente. El hecho innegable es que, si mañana Trump desembarcara en Groenlandia, la Unión Europea podría organizar protestas maravillosas, moralmente muy estéticas, y poner el grito en el cielo, pero no tendría capacidad operativa para desalojarlo de allí. Lo mismo sucedería con Putin si desplegara sus ejércitos en las repúblicas bálticas.

Los chaperos siempre han tirado mucho de la palabra y de la imagen física, pero es obvio que solo se ponen en acción si se les paga convenientemente. Nuestro Gobierno dirá que no permite a Trump que se usen las bases americanas para atacar a los talibanes, pero es una declaración meramente fraseológica, porque solo dispone de un simple tratado, de un papel como arma disuasoria. Tampoco tiene la capacidad para hacer cumplir esa prohibición, ni comprobar si se está respetando.

Las declaraciones del Gobierno socialista no tienen ningún propósito funcional más que provocar a Trump para que exprese públicamente que odia a Sánchez. Así, nuestro presidente consigue erigirse en héroe de opereta contra la sinrazón y poder arañar alguno de esos votos que los sondeos cuentan que tanto necesita de los crédulos y despistados. Pero el defecto de los héroes de opereta es que no hacen nada de verdad, solo fingen.

No dudo que les gustaría hacerlo, como a todos nos gustaría. Pero por ahora, mientras su única iniciativa sea colgarse chapas y emitir declaraciones altisonantes, habrán de reconocer que se desenvuelven circunscritos únicamente a los ámbitos del escenario y el simulacro.


© La Razón