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Keiko Fujimori: la candidata que enfrenta el odio heredado

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28.03.2026

Keiko Fujimori ha sido víctima de un odio irracional que no se explica por sus propuestas ni por su capacidad, sino por la herencia de su padre, quien derrotó al terrorismo, brazo armado de la izquierda. Ese triunfo histórico jamás se lo perdonarán y por eso la atacan con saña, inventando la leyenda de que “pierde con cualquiera”.

Pero esa leyenda no resiste la verdad: perdió con Ollanta Humala porque se prohibió el voto militar y policial que estaba abrumadoramente a su favor, perdió con Pedro Pablo Kuczynski por apenas 0,25 puntos porcentuales en una elección marcada por el voto izquierdista anti-fujimorista, y perdió con Pedro Castillo en medio de acusaciones de fraude, falta de personeros y la ociosidad de electores limeños que no acudieron a votar, con ejemplos tan absurdos como aquel colegio de Puno donde en primera vuelta obtuvo votos apreciables y en segunda vuelta “cero”, algo que desafía toda lógica.

Tres derrotas que no son signo de debilidad, sino de circunstancias adversas, como le ocurrió a Lula da Silva en Brasil, quien perdió tres elecciones antes de convertirse en presidente y marcar la historia de su país, como también al norteamericano John Adams, que perdió dos elecciones antes de ser presidente, y al mexicano Andrés Manuel López Obrador, que perdió tres elecciones antes de llegar al poder (al margen de simpatías o antipatías). La perseverancia -no tozudez como algunos la presentan- es parte de la grandeza de los líderes, y Keiko la ha demostrado.

Es cierto que el gobierno de su padre, Alberto Fujimori, tuvo defectos e incongruencias, pero también hechos que marcaron la historia del Perú y que la juventud de hoy desconoce: derrotó al terrorismo que nos condenaba a apagones, matanzas y miedo permanente; firmó la paz con Ecuador, evitando que cada 29 de enero jóvenes reclutas fueran enviados al frente y transformando esa relación en un comercio que creció más de mil por ciento; derrotó la hiperinflación heredada del gobierno aprista, cuando los sueldos se recogían en carretilla por la devaluación del inti; y logró reinsertar al Perú en la comunidad internacional. Esa herencia de orden y autoridad es la que Keiko recoge y actualiza en su propuesta.

Hoy Keiko llega con un equipo sólido y propuestas claras. Su lema “Un Perú con Orden” no es un eslogan vacío, sino un compromiso: control de fronteras para frenar el ingreso de organizaciones criminales, recuperación del orden en las cárceles con reducción de mafias, patrullaje integrado y rastrillajes proactivos en zonas de alta criminalidad, reactivación económica con crecimiento sostenido y generación de empleo formal, y lucha contra la corrupción mediante digitalización y transparencia. Todo seguido, todo conectado, porque el Perú necesita autoridad, seguridad y estabilidad.

Como bien señala el analista político Luis Benavente, todos quieren enfrentarla en segunda vuelta porque creen que le ganarán, pero esa es una ilusión alimentada por la propaganda. La paradoja es que quienes la vencieron terminaron presos: Humala, Kuczynski y Castillo. Y no solo ellos: sus enemigos Vizcarra y Toledo también están presos. Esa realidad desnuda la fragilidad de los liderazgos que la combatieron y demuestra que la ciudadanía no eligió bien, mientras Keiko sigue en pie, firme y resiliente, enfrentando con entereza cada embate. Además, ella misma sufrió una injusta persecución política y judicial que buscó anularla, pero que no logró quebrar su voluntad ni su presencia en la vida nacional.

Y no olvidemos que ese tan publicitado antivoto fue incrustado en la sociedad peruana por la izquierda, como un mecanismo de rechazo automático que busca anularla antes de escuchar sus propuestas.

La izquierda la odia porque representa la memoria de la derrota del terrorismo, los conservadores la atacan porque quieren el voto de sus seguidores, y muchos adversarios la acusan falsamente de haber gobernado en los últimos tres gobiernos. Pero la realidad es que Keiko Fujimori no ha tenido el poder, y sin embargo carga con todas las culpas. Como dijo Winston Churchill: “La grandeza de un líder se mide por la cantidad de enemigos que se atreven a enfrentarlo”.

Keiko Fujimori tiene la difícil tarea de enfrentar no solo a sus rivales, sino a un odio heredado que busca destruirla. Pero no todo está dicho ni todo está concluido. No hay que descartarla a priori, porque mientras sus rivales cayeron, ella sigue en pie. Y en un país que necesita orden, autoridad y esperanza, Keiko Fujimori puede ser la respuesta.

(*) Premio Mundial de Periodismo “Visión Honesta 2023”


© La Razón