El poder nuestro de cada día
El poder no es un objeto que se posee, sino una red de relaciones que nos constituye. En la escala macroscópica de la historia, como bien ha analizado Yuval Noah Harari en Sapiens, nuestra capacidad única para colaborar en grandes masas no nació de la fuerza bruta, sino de la creación de mitos compartidos. Desde las cavernas, el poder se ejerció mediante la cohesión de ficciones: el tótem, el espíritu del antepasado o la ley divina. Sin embargo, ese ejercicio ha experimentado una metamorfosis constante hacia la sofisticación y la sutileza.
Si en la prehistoria el poder se manifestaba en el control físico directo sobre el territorio y los cuerpos dentro del clan, con el advenimiento de las jerarquías agrícolas se transformó en estructuras burocráticas y relatos de linaje. Lo que antes era un garrote, se convirtió en un código legal y, eventualmente, en un algoritmo.
En la era digital, el poder ha alcanzado su forma más etérea y, por ende, más efectiva. Ya no necesita siempre del castigo físico para someter, hoy opera a través de la vigilancia invisible y la manipulación de los deseos. Como advierte Harari en 21 lecciones para el siglo XXI, estamos pasando de un poder que nos dice qué hacer a uno que nos dice qué sentir y qué pensar, hackeando nuestra biología interna. Pero es precisamente en la vida cotidiana, en el comedor de casa, en........
