Navegar es necesario, vivir no es necesario
Plutarco cuenta que, en medio de una feroz tormenta, cuando los marineros se negaban a zarpar por miedo a morir, Pompeyo les recordó que transportaban el trigo que alimentaría a Roma. Entonces pronunció una frase que atravesó los siglos: «Navegar es necesario, vivir no es necesario.»
No era, por supuesto, una invitación al suicidio ni un desprecio por la vida. Era algo mucho más profundo. La afirmación de que existen causas, propósitos y responsabilidades que otorgan sentido a la existencia. Vivir, por sí solo, es apenas una condición biológica. Navegar, es decir, emprender un camino con dirección y significado, constituye una decisión profundamente humana.
Nuestra época, paradójicamente, ha invertido esa lógica. Nunca hemos vivido tanto ni con tantas comodidades, pero pocas veces nos hemos preguntado con tanta angustia para qué vivimos. Hemos convertido el bienestar en un fin en sí mismo y confundido la seguridad con la plenitud.
Queremos llegar, pero ya no sabemos adónde. Los antiguos griegos hablaban de la eudaimonía, esa vida buena que no depende exclusivamente del placer sino del desarrollo de las propias virtudes. Aristóteles insistía en que la felicidad no era un destino sino una actividad, una forma de recorrer el mundo. Mucho después, los estoicos recordarían que el único territorio sobre el........
