La democracia: pacto político para impedir la tiranía / Opinión
La democracia: pacto político para impedir la tiranía / Opinión
por Rafael Marrón González 11/04/2026, 11:04 PM
Desde la óptica de la Teoría del Contrato Social, el pacto democrático es el que establece que el poder no desciende de la divinidad ni de la herencia sanguínea, sino que asciende desde el ciudadano
Rafael Marrón González
La democracia es la herramienta de legitimación que le quita el monopolio de la fuerza a un solo hombre para entregárselo a la voluntad colectiva.
Si lo analizamos desde la óptica de la Teoría del Contrato Social, ese pacto democrático es el que establece que el poder no desciende de la divinidad ni de la herencia sanguínea, sino que asciende desde el ciudadano. Es, por definición, el antídoto contra el absolutismo.
Sin embargo, para que ese pacto sea eficaz contra la tiranía, suele apoyarse en dos pilares que a veces entran en conflicto:
El Pacto de Procedimiento (Democracia):
El acuerdo de que las decisiones se toman por mayoría y que el poder es transitorio. Nadie se queda para siempre porque el pacto exige alternabilidad.
El Pacto de Contención (República):
El acuerdo de que hay derechos que ni siquiera la mayoría puede atropellar.
El riesgo del «Pacto Roto»
El peligro histórico que mencionan autores como Raymond Aron o incluso la tradición del liberalismo clásico, es cuando la democracia se vacía de sus frenos institucionales.
Cuando la democracia se entiende solamente como el triunfo de la voluntad de la mayoría (sin el contrapeso de la ley), puede mutar en lo que Aristóteles llamaba demagogia, que para él no era otra cosa que la forma corrupta de la democracia y la antesala directa de la tiranía.
En ese escenario, el tirano no llega por un golpe de Estado, sino que usa el propio pacto democrático para validarse y luego destruirlo desde dentro.
El uso de mayorías coyunturales para capturar los órganos que debían ser árbitros (el TSJ, el CNE). La técnica consistió en usar la ley para anular el espíritu de la ley. Se pasa del ciudadano con derechos al «beneficiario» dependiente.
Cuando la democracia se vuelve técnica y asistencialista, la libertad de consciencia se somete a la necesidad material. Es la sumisión por la subsistencia.
Se celebran procesos electorales constantes para decir al mundo: «Aquí hay democracia porque se vota», ocultando que el pacto de equidad y alternabilidad está roto.
Si las instituciones democráticas no son sólidas, y se ideologiza la división de poderes, surge un liderazgo, mesiánico regularmente, que apela a esa «democracia» para concentrar el poder por endoso de la “voluntad popular”, rompiendo el pacto original, estableciendo “una democracia técnica”, una carcasa procedimental.
Se convierte en una herramienta aritmética donde el número de votos se usa como una «licencia de corso» para arrasar con la institucionalidad.
Como gané, significa que puedo hacer lo que convenga a mis intereses políticos, entre ellos aplastar al vencido, declarar el gobierno comunista “por mandato electoral” o instaurar la pena de muerte por delitos de odio o sea, de disidencia.
Se mantiene la estructura externa —el ritual de las urnas, la retórica de la soberanía y la fachada institucional— para validar un proceso que, en el fondo, desmantela el pacto político original.
El voto deja de ser un instrumento de libertad para convertirse en un mecanismo de control y perpetuación. Se impone la aritmética sobre la ética: mientras el número favorece al poder, cualquier atropello a la ley se presenta como «voluntad popular».
Es precisamente esa fragilidad la que hace que el debate sobre la «pureza» de la democracia sea tan vigente y tan necesaria su introyección en la educación ciudadana. Porque ciudadanos tiene la democracia, así como periodistas, las tiranías tienen siervos y palangristas.
Una definición pertinente
“Democracia es el sistema político, cuyos gobiernos están sujetos a las normas constitucionales establecidas por la ciudadanía en el libre ejercicio de su soberanía, que profesa y garantiza el respeto a los derechos fundamentales y libertades públicas de la persona humana con énfasis en la libertad política y de expresión, civil y personal, regido por los principios capitales de la división de poderes, la alternabilidad y el equilibrio de las autoridades y consagrado a producir la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política”. Rafael Marrón González
EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. @RafaelMarron
https://www.youtube.com/@Washingtontv1
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