Jason
Se llamaba Jason Ardey. Era catedrático en Cambridge. Negro. Cuarenta y un años. Activista. Todo lo que los blancos británicos universitarios tienen en la cabeza cuando quieren acoger a un «paria» en sus filas para creerse elegidos por el dios que maneja el mundo «woke». Es posible que lo admitieran por eso. No por sus méritos (igual había algún pelirrojo mejor), sino por su raza, por su edad, porque no era un blancucho de clase alta que seguía los pasos de su padre y de su abuelo. Además, Jason (se........
