Hodiar o heder
En el contexto bíblico heder significa “despedir un olor fétido, podrido, desagradable”, y esto es precisa y ajustadamente aplicable al gobierno actual y a su cabeza visible, siendo que todos los que a su paso caminan desprenden de igual forma la misma sensación. Ahora, y debido a que su vida política empieza a dar las boqueadas, me refiero a la de todos los que conforman este grupo tan grotesco como ignorante que cada martes se reúne en Moncloa alrededor de la mesa del consejo de ministros, se han inventado una herramienta desarrollada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones para medir el odio, sin hache, en las redes y plataformas digitales. Ya contamos con un nuevo engendro para gastar el dinero del contribuyente, ahora que estamos en guerra, que el petróleo se va a las nubes y, con él, el precio de absolutamente todo: desde lo imprescindible hasta lo innecesario, que también hace falta, por muy absurda que parezca esta afirmación. Pero da igual, absurdo también es el servicio de escolta que el ministerio de interior ha puesto a Sarah Santaolalla, “heroína de la libertad de información según Sánchez, la que dice que “es bueno que haya menos autónomos en España, que baje el nivel de emprendedores porque eso dará más trabajo estable al país”. Hay que proteger las cabezas pensantes de nuestro panorama, como la de Yolanda Díaz, que asegura que “hay gobierno de corrupción para rato” o Pedro Sánchez quien garantiza que “este es el gobierno que más ha hecho por los trabajadores autónomos de la democracia”. Incluso Oriol Junqueras, que afirma estar “orgulloso de haber pasado por la cárcel”. En fin, tierra de gente hedionda, para volver al encabezado de estas líneas.
Lo peor de todo es que se nos están yendo mentes lúcidas y críticas históricas –Ussía, Ónega, Raúl-, y cada vez los vamos a echar más de menos. Claro que gozamos de dignos sucesores, por vía sanguínea o no, que siguen en la brecha sin respiro para no dar tregua a la actualidad y poner de relieve lo que cada día nos acucia de forma palpable y también lo que no vemos y hay que investigar. Es una gran fortuna gozar de tantos y tan buenos periódicos que consiguen frenar y dar dolores de cabeza al gobierno. Sin la prensa diaria viviríamos mucho peor y las libertades estarían cercenadas, la ignorancia flotaría sobre nuestras cabezas y la corrupción quedaría nublada bajo tantas cortinas de humo que cada día afloran desde las oficinas del complejo Moncloa, poblado de inventores de frases, de “máquinas de fango” y de lenguajes que calan en muchos pero que despejan los comentaristas reveladores de las verdades que no siempre están al alcance de todos.
CODA. Ese chavalín llamado Iñigo Onieva, portada de revistas por vía uterino-matrimonial, a quien le faltan unos cuantos hervores, cultura y vocabulario, se le escapó decir que “no quiere que se llene de sudacas que el club para el que trabaja”, cuestión muy incorrecta políticamente hablando. El local está situado en la zona de Madrid donde todos los iberoamericanos que han llegado en los últimos años han invertido sus dineros y han instalado sus hogares dando un nivel de riqueza a la zona jamás imaginado, la misma que daría al mencionado club porque los oriundos no tenemos suficiente pasta para pagar ni la cuota de entrada, ni las anuales, ni los precios de los gin tonics que figuran en sus menús. Chico, los recados hay que hacerlos con un poco de sentido común y menos aires de grandeza.
