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Acosadores, burkas y dos gañanes

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22.02.2026

Mientras Puente sigue sin publicar el acta que certifica que las vías estaban impecables el día de la desgracia en Adamuz, Ortega Smith, hombre de hierro de Vox es expulsado de su partido. Parece que a Abascal le estorba la gente sólida a su alrededor, y de los socios fundadores de la empresa sólo queda él, el resto son novedades de temporada. Lo que no es sorprendente es que Andrés Mounbatten acabara detenido, lleva muchos años haciendo méritos para ello, ¡y lo que nos queda por ver!, quizá Mette-Marit sea la próxima, lo que sería de gran alborozo para Jaime Peñafiel: estas advenedizas reconvertidas en realeza de primera fila no le caen nada bien.

Pero vamos a lo que es una realidad palpable: el siglo XXI sigue siendo femenino, aunque no tanto feminista pese a que ahora haya “Padres y Madres de la Patria”, según proclamó orgullosamente Bolaños el otro día mientras se celebraba el aniversario de la Carta Magna. Más le valdría anunciar la prohibición del burka, máximo alegoría de la humillación a la que se ven doblegadas y reducidas las mujeres en el mundo islámico, una cárcel de tela que cubre el cuerpo, borra el rostro y convierte a la mujer en una silueta anónima, reducida a una presencia sin identidad visible. En nombre de la tradición o de la religión, se impone como emblema de obediencia y control, especialmente bajo regímenes como el de Afganistán, donde el poder de los talibanes ha convertido su uso en una obligación estricta para millones de mujeres. Allí, el burka no es una elección libre, sino un recordatorio constante de desigualdad.

En España el Gobierno ha optado por no prohibirlo a nivel nacional, apelando a la libertad religiosa y a unos extraños derechos. La cuestión enfrenta dos principios fundamentales: por un lado, la defensa de la dignidad y la igualdad de la mujer; por otro, el respeto a la libertad personal en una sociedad plural. Quienes piden su prohibición sostienen que ninguna prenda que simbolice la sumisión debería tener cabida en una democracia avanzada. Quienes se oponen argumentan que prohibirlo podría estigmatizar aún más a las mujeres que lo llevan, incluso cuando lo hacen por decisión propia. Así, el burka se sitúa en el centro de un dilema complejo: ¿proteger a las mujeres limitando ciertas prácticas o proteger su libertad permitiendo incluso aquellas que muchos consideran opresivas? La respuesta es sencilla para mentes libres que sí defienden los derechos femeninos, y no precisamente en el lenguaje (lo de padres y madres de la Patria suena más que ridículo), sino, por ejemplo, en hechos que son lo opuesto a las prácticas de sometimiento sexual como las que ha llevado a cabo el recientemente dimitido y cesado alto cargo de la Policía. Es muy gracioso y digno de señalar el único comentario que Rufián hizo sobre él: “no es más que un gañán”. No sé si se estaba mirando en un espejo, porque si hay un gañán en el panorama político español, ese es Rufián. Su nombre así lo indica.

CODA. Para enjugar el abatimiento del espíritu luego de una semana de perturbación mental por las noticias descerebradas que cada día machacan nuestras ya desgastadas cabezas, nada mejor que empaparse de arte. En este sentido sirva como recomendación ir al Palacio de Liria y agitar la memoria con los cuentos de “Las mil y una noches” contemplando la obra de José María Sicilia, con técnicas diversas que mezclan la fotografía, la pintura, las impresiones y formas escultóricas en un universo alucinante. Mucho mejor que nuestra realidad.


© La Razón