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La universidad: ¿entrenar o educar?

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09.05.2026

La conocida frase atribuida a W. B. Yeats, “La educación no es llenar un cubo, sino encender un fuego”, es más que una imagen poética: advierte sobre la brecha entre dos formas opuestas de entender la universidad actual. Llenar un cubo significa transmitir información y procedimientos; encender un fuego, despertar una curiosidad profunda y dar sentido al aprendizaje. Esa diferencia está en el centro de la crisis de propósito que hoy afecta a la educación superior en todo el mundo.

Millones de jóvenes en todo el mundo se hacen una pregunta cada vez más incómoda: ¿para qué ir a la universidad? Muchos responden con una sentencia contundente: “ir a clase es una pérdida de tiempo”. No es una anécdota aislada ni un capricho de la generación Z, sino un diagnóstico global. En México, por ejemplo, cerca de 250 mil jóvenes abandonan la universidad cada año, muchos de ellos desde el primer ciclo. Una y otra vez concluyen que ese modelo universitario no les dice nada. No desertan por desidia; los expulsa la inercia de una institución que ya no dialoga con su época ni con sus expectativas. La queja se repite en todas partes: cruzar la ciudad para oír a alguien leer diapositivas. Ese modelo compite -y pierde- frente a cualquier herramienta digital. Si la universidad solo transmite información, ¿qué valor real ofrece la presencialidad? Lo que algunos interpretan como apatía es, en realidad, lucidez: los jóvenes advierten de inmediato cuándo su tiempo no es valorado.

Esta........

© La Razón