Matar al jefe no mata al sistema
Italia aprendió a golpes que al crimen organizado no se le puede desmantelar con simples detenciones ni abatimientos. En los años setenta y, sobre todo, en los ochenta, la mafia dejó de ser un folclor de algunas comunidades para convertirse en un poder armado nacional.
Cobraba impuestos a negocios, controlaba obras públicas, decidía quién podía trabajar y quién podía respirar. Cuando el Estado intentó responder tratando de detener a capos y mafiosos de gran calibre, descubrió algo que hoy suena incómodamente familiar: el crimen organizado no siempre es una pirámide. Puede ser una red capaz de sobrevivir incluso al funeral de su líder.
El cambio italiano empezó cuando el gobierno dejó de perseguir delitos y personajes para comenzar a perseguir organizaciones. En 1982, tras una temporada de asesinatos políticos, se aprobó una figura legal que, en términos simples, permitía castigar la pertenencia a una........
