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Honestidad bruta

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15.03.2026

Hay una honestidad que se ha vuelto coartada para la brutalidad. «Autenticidad», por ejemplo. «Sinceridad». «Espontaneidad». «Honestidad brutal». Son palabras del momento. ¿Quién podría defender la impostura, el cálculo frío, el discurso coacheado del político profesional? Nadie. El problema empieza cuando esa supuesta franqueza deja de ser una virtud y se convierte en una licencia para hacer estupideces.

Conviene pasarlo en limpio, sobre todo un domingo, cuando uno todavía pretende pensar antes de imponer: no estamos asistiendo al triunfo de la verdad sobre la hipocresía. Estamos viendo otra cosa. Estamos viendo cómo una parte de nuestras sociedades, agotadas de tanta mentira bien dicha, empieza a enamorarse de la brutalidad como si fuera una forma superior de sinceridad.

Pablo Knopoff, un analista político al que sigo, captó bien un rasgo de este tiempo cuando habló de la «honestidad brutal» de líderes como Trump, Milei, Meloni, Abascal o Bukele: esa capacidad de decir algo de forma tan descarnada que incluso sus adversarios perciben allí un «valor verdad». En esa lógica, las formas dejan de acompañar al mensaje y pasan a ser el mensaje. La agresividad ya no es un exceso: es una prueba de autenticidad.

Pero ahí aparece la trampa de este clima de época. Porque una cosa es que la gente esté harta de una dirigencia que administró decadencia, privilegios y eufemismos. Y otra muy distinta........

© La Razón