La procesión va por dentro
La mayoría de las personas piensan ingenuamente que una procesión es un evento religioso, popular y callejero que es compartido por ricos, pobres, devotos, curiosos, vecinos, turistas y algún que otro despistado que pasa por el lugar buscando una farmacia de guardia, pero ya no es así, porque la lógica del mercado ha llegado también al incienso, al capirote y al redoble de los tambores, convirtiendo la fe en una experiencia premium, un nuevo modelo de negocio sin alterar demasiado el decorado espiritual donde se acabó lo de que mirar es gratis.
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