Irán no es Venezuela
Trump se fue arriba con la captura exitosa de Maduro y pensó que matando a Jamenei, como ha logrado con eficacia, el régimen de los ayatolás caería como fruta madura. Puede ser, porque la defensa antiaérea iraní hace aguas y los cazas americanos e israelíes tienen dominado el espacio aéreo. Sólo que Irán no es Venezuela, y derribar a la teocracia sin haberla conquistado igual no funciona de la misma manera.
De momento, Israel se ha sentido vulnerable ante los muertos causados por un misil balístico iraní en un refugio en Tel el Aviv. La cúpula de hierro presenta agujeros frente al armamento hipersónico persa, que llega no solo a Israel sino, de una forma un tanto alocada, a todo Oriente Medio, incluido el Estrecho de Ormuz. Temblaban ayer los precios del gas y del petróleo. Ronda de nuevo el fantasma de la inflación.
Trump dijo que los sucesores de Jamenei quieren negociar, pero estos no se fían, ante la evidencia de que el líder «maga» negocia atacando. El de Teherán es un régimen execrable como pocos, donde se ejecuta a personas por razones políticas, se cuelga a homosexuales, se lápida a mujeres, se gasea a manifestantes y se financia al terrorismo. Razones más que sobradas para derrocarlo. Solo que, siendo objetivos, a Trump le mueve más poner allí a alguien de su cuerda que los excesos de la tiranía. Hablan de llevar al hijo del Sha para reinstaurar la democracia, cuando en realidad con su padre nunca la hubo. Reza Pahlavi consolidó un poder dictatorial tras un golpe orquestado por la CIA y el MI6 británico para derrocar al primer ministro democrático Mosaddegh, que había nacionalizado el petróleo. El Sha se plegó a EE. UU y decretó un aperturismo occidental que no gustó a todos. Por eso cayó. Por eso y porque en la Cumbre de Guadalupe, reunidos Carter, Giscard, Helmut Smith y el primer ministro inglés Callaghan, decidieron que había que quitar a un fracasado Sha para poner a Jomeini, que residía en París amparado por Francia. Jomeini pidió permiso a Carter para regresar a Irán, y éste se lo dio, pensando que le podrían manejar como a Pahlavi. No fue así, y el ayatolá instauró su teocracia. Reagan financió entonces a Sadam Hussein en la guerra de Irán contra Irak, pero poco después pactó con los ayatolás organizando el «Irán- Gate», escándalo mayúsculo que descubrió como Washington vendía misiles y armas en secreto a Teherán para financiar a la contra nicaragüense. Consideraban que los jomeinistas eran enemigos útiles para entenderse, pese a que ya por aquel entonces habían desatado una represión medieval contra su pueblo. Los americanos nunca han tenido empacho en pactar con dictadores siempre que sirvan a sus intereses. La satrapía persa se les ha resistido y, además, se hizo amiga de Rusia y China. Ese es el fondo de la cuestión, amén de que Irán es el principal enemigo de Israel, lo más importante de todo. Por eso tenían que intervenir, volviendo a agitar el «peligro nuclear», que en teoría había desaparecido con el bombardeo «preventivo» del verano. El del sábado también fue un ataque «preventivo», como dijeron sobre Irak. Ojalá sirva al menos para liberar de su actual yugo a la población iraní, más que para desatar una peligrosa guerra generalizada.
