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David contra «GolIAt»

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04.05.2026

Marta y yo tenemos un pasado en común: fuimos compañeros de clase en la Universidad. Los dos nos instalamos en el Madrid de los últimos coletazos de la Movida y coincidimos en el circuito de los colegios mayores. Yo me afinqué en el Chaminade, que por entonces era un hervidero de conferencias, exposiciones y debates. Su cafetería solía ser el epílogo de unas tardes en las que acabábamos polemizando casi sobre cualquier cosa. Fue en una de ellas donde saltó el debate de si fotocopiar libros tenía que ser perseguido o no. Empezábamos a tener conciencia de que aquello no era del todo legal, pero en el servicio de reprografía de la Facultad los profesores nos dejaban tacos de fotocopias sacados de casi cualquier lugar, sentando un mal precedente. Por aquel entonces, uno podía acercarse a las máquinas del campus y fusilar lo que le viniera en gana. Nadie iba a reprochárselo. Los PDF no se habían inventado y a internet le quedaban tres o cuatro años para irrumpir en nuestras vidas. Así que alguien sacó el tema y todos se posicionaron a favor de la «libertad de fotocopia». Yo no. Acababa de descubrir la Cuesta de Moyano y pensaba que, si el dinero no te alcanzaba, era mucho más lícito -y a menudo más barato- buscar esos textos en librerías de ocasión que reproducirlos sin control.

Años después, mi amiga Marta fue finalista del........

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