La reforma que no fue
La reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum no se dio. Nunca tuvo el respaldo —ni de la oposición ni de sus aliados— para garantizar su aprobación. Le cerraron el paso a un intento de cambiar las reglas de la competencia política del país para que, afirmaron, Morena se mantuviera en el poder al menos por una generación más.
Y sí, fue un debate que se extrañaba hace mucho en el pleno de San Lázaro: uno de ideas, sin mayoriteo ni aplanadoras, de historia y lucha contra el autoritarismo del pasado, de la transición hacia la democracia en México, del 68, el 77, el 88 y el 96… de recordar a los pensadores e ideólogos de quienes hoy disputan la dirección del rumbo del país.
Y ahí, se escucharon de nuevo los nombres de Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Castillo Peraza, Heberto Castillo, Jesús Reyes Heroles, Porfirio Muñoz Ledo, Arturo Gámiz García, Gilberto Rincón Gallardo, Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Arnoldo Martínez Verdugo y Vicente Lombardo Toledano.
El equipo de la Presidenta
Fue un debate de posiciones ideológicas y no de discusiones acaloradas o tomas violentas de la tribuna, una sesión histórica con 494 de los 500 diputados federales en las curules. Fue una jornada en la que la reforma presidencial naufragó.
La decisión de Morena de utilizar todos los recursos a su alcance, incluso la presión, para lograr los votos necesarios de sus aliados del PVEM y del PT y lograr la mayoría calificada de 334 sufragios, se había muerto antes de iniciar la sesión… ya no hubo intentos por convencer u obligar a nadie.
Ricardo Monreal, líder de los diputados de Morena y uno de los principales operadores de la presidenta Sheinbaum, entró al pleno de la........
