Irán, entre la estupidez y la gloria
En los días de la última guerra de Irak, cuando los «Scud» de Sadam caían sobre Israel y la «cúpula de hierro» eran las baterías de «Patriot» norteamericanas, en el hotel vacío de Jerusalén armábamos animadas tertulias de religiones comparadas entre los empleados judíos y musulmanes, el encargado de la seguridad, que era un joven israelí que en tiempos de paz trabajaba en una agencia de turismo, y el único huésped, que era este periodista que les escribe. Al final, concluíamos que lo mejor era ser cristiano, porque tenías las mismas limitaciones morales, los pecados de la carne, claro, que hebreos y musulmanes, pero podías comer marisco, tomarte una hamburguesa con queso o darle al jamón serrano como si no hubiera un mañana, todo acompañado de buenos vinos. La razón es que unos no pueden beber alcohol, otros no pueden mezclar la leche con la carne ni........
