Indignación, pero no sorpresa
Indignación, pero no sorpresa, ha causado la proclama antisemita del señor José María Balcázar, realizada el 28 de abril de 2026 en la Cámara de Comercio de Lima.
Bien escrito “señor”, en minúsculas y sin asomo de respeto, a quien no llamaré “presidente” ni trataré de “usted”, ya que ha pisoteado la majestad del cargo para el que fue designado tras su asunción como presidente del Congreso y su encargatura de la Presidencia de la República para completar el periodo 2025-2026.
Indignación, acompañado de enojo y hartazgo al ver falsear la historia y hacer el ridículo a un nuevo inquilino del Palacio de Gobierno, uno más del desfile de impresentables que nos han gobernado en las últimas décadas, electos por llevar un sombrero, por personificar el odio, por tener un color de piel o por decir un eslogan demagógico. Así de mal estamos: tenemos presidentes cumpliendo sentencias y otros con procesos legales en curso, mientras que otro se pegó un tiro antes que enfrentar la justicia; incluso tenemos primeras damas prófugas de la ley. Vaya récord que ostentamos los peruanos.
Pero no hay sorpresa, porque José María refleja de la mejor manera a la casta de los congresistas que lo eligieron, casta que, a la vez, fue electa, así que el electorado no se salva de su responsabilidad. El que alguna vez fuera hemiciclo de grandes amautas hoy se ha convertido en un circo de otorongos que no tienen ni la más mínima piedad con nosotros, sus gobernados, y quienes, a base de pactos —vaya uno a saber bajo qué parámetros—, eligen a sus cómplices sin detenerse a examinar los pergaminos y capacidades intelectuales del agraciado con su voto.
Conocemos de sobra al personaje. Ya con aquello de las........
