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El país donde el vándalo gobierna… y el presidente medita

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25.05.2026

Bolivia ha entrado oficialmente en esa peligrosa etapa donde el Estado ya no gobierna, apenas administra su propia humillación. Porque una cosa es enfrentar protestas sociales legítimas. Otra muy distinta es observar, en cámara lenta y con absoluta pasividad, cómo grupos organizados cercan ciudades, destruyen la economía, someten a millones de ciudadanos y convierten al país en un laboratorio de anarquía financiada… mientras el gobierno responde con diálogos, mesas técnicas y discursos poéticos sobre la paz.

Sí. Paz. Qué ironía más brutal para un presidente apellidado Paz Pereira, que observa cómo Bolivia se convierte lentamente en un campo minado de bloqueos, extorsión sindical y terrorismo callejero. Van tres semanas de cerco a La Paz. Cincuenta y un puntos de bloqueo, siete departamentos afectados, miles de familias sin combustible, alimentos ni medicamentos. Empresas quebrando, transportistas arruinados, productores desesperados y ciudadanos secuestrados dentro de su propio país.

Pero tranquilos. El gobierno sigue apostando al diálogo… como si el vandalismo financiado pudiera resolverse con café, sonrisas institucionales y frases de Naciones Unidas.

Lo más alarmante no es solamente el caos. Lo verdaderamente aterrador es la sensación colectiva de que el gobierno perdió el control… o peor aún: que nunca tuvo intención real de ejercerlo. Porque cuando un Estado tolera que grupos violentos bloqueen carreteras durante semanas, impidan el paso de ambulancias, amenacen a poblaciones enteras y ataquen policías, ya no estamos hablando de........

© La Razón