El nuevo deporte nacional: sospechar del que trabaja
En Bolivia hemos perfeccionado un talento que ya debería ser disciplina olímpica: sospechar de todo aquel que produce, invierte y hace que algo funcione.
No importa si son 30 años de operación continua. No importa si se transportan millones de toneladas. No importa si hay empleos, impuestos, logística, desarrollo. Nada de eso pesa.
Lo que realmente importa es que algún iluminado descubra —con la emoción de quien encuentra petróleo en el patio de su casa— que las empresas… tienen accionistas. Y peor aún: que esos accionistas invierten… Escándalo.
Ahora resulta que transportar carga, conectar regiones y sostener un sistema ferroviario durante décadas no es mérito… es sospechoso. Porque claro, detrás de todo empresario debe haber algo raro. Detrás de toda estructura, una conspiración.
Y detrás de toda inversión, un interés oculto… como si invertir no fuera precisamente eso: apostar, arriesgar y construir.
La última entrega de este género literario, llega desde el sur del país —porque ya ni siquiera es periodismo— nos trae un menú conocido, direccionado por sabe quién de: porcentajes enredados, nombres cruzados, fallos en el extranjero y una pizca de “vínculos” cuidadosamente alineados para que el lector llegue solito a la........
