El botijo
He aquí el más genuino representante del mundo rural: el botijo, humilde vasija de barro, que tenía la virtud de conservar fresca el agua en pleno verano, agua que se bebía a chorro, disfrutando de su larga caída sobre los labios resecos. Eran tiempos en que no hacían falta vasos. El vino se bebía directamente del porrón o de la bota, y el agua, del botijo, que estaba siempre a mano, en la cocina o, durante la siega, en el tajo a la sombra del fascal, del majuelo o del escaramujo. Antes de la llegada del agua corriente a las casas, el cántaro y el botijo se llenaban en la fuente y se depositaban en la........
