De la alianza con Xi Jinping al «contubernio» de Barcelona
En el peor momento de su mandato, con su mujer y su hermano a punto de sentarse en el banquillo de los acusados y sus más cercanos colaboradores políticos declarando ante el Tribunal Supremo por graves delitos de corrupción, el presidente Sánchez busca amparo en el exterior en vez de presentar la dimisión como haría cualquier dirigente demócrata. En una manifiesta huida hacia adelante, reúne este fin de semana en Barcelona a la flor y nata del «progresismo» tercermundista, con Lula a la cabeza. Lo hace a su vuelta de un comentado viaje de negocios a Pekín, donde ha establecido una alianza particular con el dirigente comunista Xi Jinping, sin contar con el visto bueno del Parlamento español ni con el respaldo europeo. Sánchez va por libre, provocando, a conveniencia propia, un cambio radical en la política exterior de España.
Es natural que el comportamiento errático del primer ministro español suscite cada vez más preocupación en Bruselas. Inquieta tanto su distonía con la prudente política común en las relaciones con China, Israel y Estados Unidos como su deriva hacia actitudes ajenas a la posición democrática occidental. Hay dos hechos que levantan hoy especial preocupación más arriba de los Pirineos: la regulación masiva y descontrolada de inmigrantes y los ataques de los miembros del Gobierno a los jueces, con el ministro de Justicia a la cabeza. La arremetida general contra el juez Peinado, encargado de la instrucción de Begoña Gómez, es un verdadero escándalo. Se trata de una mujer que no ostenta ningún cargo público, a la que se acusa de aprovecharse de su condición privilegiada como esposa del presidente para hacer negocios particulares. Esta defensa, a coro, de los ministros favorece esa apreciación judicial: la confusión delictiva de lo público y lo privado.
España, con Pedro Sánchez, se convierte así en una anomalía europea. El temor es que, en la curva final de su mandato, abandonado a su suerte y perdido en su laberinto, claramente fuera de la realidad, cometa errores irreparables con alianzas y compromisos peligrosos. Su enemistad con Israel, que guarda, por cierto, el «expediente Pegasus», y su comprometedora alianza con China son indicios poco tranquilizadores y ponen en alerta a los verdaderos demócratas europeos. Lo mismo que la veneración al dirigente español por parte de los ayatolás, los movimientos terroristas de Oriente Medio y los herederos políticos de ETA, compañías poco recomendables. El «contubernio» progresista de Barcelona este fin de semana va a señalar seguramente el camino último del sanchismo antes de su extinción definitiva.
