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Cuba, la eterna espera

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19.03.2026

El Coppelia - El Rincón Cubano / El Rincón Cubano

Coppelia es la heladería que Fidel Castro plantó en el corazón de la Habana en los años 60 motivada por su pasión por todo lo relacionado con la leche. "El mejor helado del mundo" presumía el régimen durante años. Para degustar sus productos siempre hubo dos colas. Una para los cubanos y otra para los turistas. La segunda, más rápida y a otros precios, mientras que los cubanos acostumbrados a la espera, se agolpaban pacientes para endulzar sus amarguras. El establecimiento del barrio del Vedado llegó a tener una treintena de sabores. Al día de hoy, apenas sirven vainilla y chocolate. Coppelia languidece como lo hace Cuba. Hay países que no mueren de golpe. Se desvanecen lentamente, como una luz que centellea hasta extinguirse. Este reducto caribeño no se ha quebrado de un día para otro, sino que se ha ido despedazando en silencio, entre apagones, mesas vacías y miradas perdidas que ya no esperan nada.

La crisis que atraviesa la isla ha dejado de ser cíclica para convertirse en permanente, en agobiante. Mortal. El colapso energético que arrastra desde hace semanas, con apagones interminables que paralizan ciudades enteras no es solo un problema técnico, es la imagen más visible de un sistema exhausto. Sin electricidad no hay industria, no hay hospitales que funcionen con normalidad, no hay alimentos (muy escasos) que conservar. La vida cotidiana se convierte en supervivencia.

Pero el hambre no empezó con los apagones. Hace tiempo que la escasez dejó de ser una excepción para convertirse en rutina. Conseguir comida es una batalla diaria. Conseguir medicinas, un golpe de suerte. Las familias viven en un estado constante de incertidumbre, donde el mañana nunca está garantizado. Algo que ya pude comprobar junto al fotógrafo Nacho González, cuando publicamos el reportaje 'Cuba la eterna espera' para el Magazine hace más de veinte años. En aquel entonces, lo más devastador no era solo la falta de recursos materiales. Era la desilusión. La misma que se ha instalado `sine die' desde Santiago a Pinar del Río.

Generaciones enteras han crecido escuchando promesas que nunca se cumplieron. Otras, las más bisoñas, ya ni siquiera creen en ellas. La esperanza, esa dinamo invisible que sostiene a los pueblos en los momentos difíciles, parece haberse agotado. Queda el cansancio. Queda la resignación. Queda, en muchos casos, el deseo urgente de marcharse. Cuba es simplemente un lugar del que escapar.

Las causas de esta decadencia son múltiples y complejas. El embargo estadounidense, que pesa sobre la isla caribeña desde hace más de sesenta años, ha limitado su desarrollo y asfixiado su economía. Pero no es la única explicación. La ineficiencia, la falta de reformas profundas y los flagrantes errores de gestión interna comunista han agravado una situación ya de por sí delicada. El resultado es un país atrapado entre presiones externas y bloqueos internos, incapaz de encontrar una salida. Mientras tanto, el pueblo paga el precio. Cuando una sociedad deja de imaginar un mañana mejor, empieza a marchitarse por dentro. Lo que pide el pueblo cubano no es complejo ni ideológico. Es tan esencial como poder acceder a un plato de comida, disponer de libertades y decidir su propio destino. Por desgracia, la eterna espera continúa.


© La Provincia