Tunick, escribir un manifiesto con una cámara
La obra de Spencer Tunick en Las Palmas de Gran Canaria, en imágenes / José Pérez Curbelo
Nadie pondrá en duda que Charles Bukowski (1920-1994) fue un transgresor incomprendido, un vanguardista para su época y condición, amén de un “enfermo de la escritura”, como así lo reconoció en infinidad de ocasiones, pero, sobre todo, en la correspondencia que mantuvo a lo largo de su atormentada vida. Jamás se dio a la autocomplacencia y menos aún a lo que los otros esperaban de él y, por eso, sorprendía a la vez que cautivaba. Desde muy corta edad, repetía que tenía un “don especial” para irritar a los defensores de las normas, ya fueran las sociales, ya fueran las gramaticales. De ahí que, si buscásemos una figura que representara la rebeldía y la inocencia del Arte, Bukowski estaría en lo más alto de la lista. Fue él el que sentenció, en una de las cartas que dirigió a su amigo Jon Webb, en septiembre de 1962, que “el Arte es Arte y los nombres son secundarios” (On writing, 2015, ed. castellana de Anagrama). Reclamaba que el Arte - en mayúscula, como le gustaba........
