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‘Una isla, una familia, una casa’

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Vista del Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera. / LA PROVINCIA/DLP

Hace muchos años hice mi segundo viaje fuera de la isla de Tenerife. Fue a La Gomera. Fui con un fotógrafo extraordinario que se llamaba Jorge Perdomo y que era más que un retratista: era el amigo de todo el mundo, el que los conocía a todos, el que retrataba hasta el amanecer y hasta la noche siguiente, sin romper jamás la pasión periodística que lo vio nacer.

Antes de ese viaje estuve en La Palma, solo, a entrevistar para El Día a un extraordinario personaje, don Pedro Capote Lorenzo, que ya parecía más viejo que la isla y que debía su fama a que era entonces más importante que sus competidores cubanos en el arte de hacer cigarros. Este periódico, El Día (que entonces no estaba aún asociado a LA PROVINCIA), me envió a muchos sitios y me pidió tantos reportajes que una vez me pidió, en 1973, que contara cómo vivían los exiliados españoles para salir ilesos de la guerra civil que montó Franco.

El viaje a La Gomera, acompañando a Jorge, fue exótico, lleno de historia, porque era una especie de regreso a Colón y a una isla que, entonces, en 1967, seguía pareciéndose al territorio que le sirvió al descubridor para hacer su primer viaje al Nuevo Mundo.

Durante mucho tiempo, además, aquella isla hermosa, callada y extraordinaria, estaba abierta a la inmensidad, pero, a la vez, era propia, chiquita, divina, agarrada en su capital mayor a los grandes árboles (los llamaba así mi hija cuando era pequeña) bajo los cuales reían con sus cuentos y sus historias los ancianos y los jueces.

Ese primer viaje, que no fue el último, porque luego fueron ya infinitos, me hizo de La Gomera, de........

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