Salirse de una guerra
Putin y Trump, al inicio de su reunión en Alaska. / Kremlin / DPA
Hay una máxima que uno aprende con el cine de abogados: no se te ocurra hacer una pregunta de la que no conozcas la respuesta. De lo contrario, corres el riesgo de perder, literal y literariamente, el juicio y que se te vea el cartón. Podría pensarse lo mismo de las guerras, que uno no debería meterse en ellas si no tiene pajolera idea de cómo salir después. Las últimas contiendas que afectan a nuestra (privilegiada) existencia son un buen ejemplo, porque, claro, hay otras cuantas, pero ocurren convenientemente lejos, en Sudán, en Somalia, en el Congo, y por eso no parecen afectarnos. Sin embargo, ahí están Ucrania e Irán (ya, el estrecho de Ormuz no nos pilla de camino, pero tiene........
