La orientación como refugio del sentido
He leído circulares. Muchas que delimitan funciones, trazan fronteras, dibujan el mapa de lo que sí y lo que no. Documentos necesarios. Un escudo. Un alivio. Porque cuando todo se exige y nada se agradece, saber que hay una línea que protege el oficio también es justicia. La norma dice: no hacer clínica. La norma dice: remitir. La norma dice: usted es educador, no terapeuta.
Pero la vida no se queda leyendo circulares y llega con zapatos sucios por los pasillos. Llega como niño con los ojos cargados de una tristeza que no empezó en él. Llega como adolescente que no duerme porque en su casa el miedo tiene llave propia. Llega como silencio, como rabia, como desgano. Como ese "profe, ¿tiene un minuto?" que en realidad es un grito.
Y entonces la pregunta no tiene manual: ¿qué hago con este dolor que se sienta frente a mí? La ley nos recuerda que no somos dioses y bendita sea la ley por eso. Porque el salvador siempre........
