¿La Feria de Manizales tiene salvación?
Cuando Manizales celebró en 1951 su centenario, le quedó gustando eso de festejar, porque montaron primero un festival taurino y poco después la Feria.
Ese proceso iba lento, como todo lo que se inicia, hasta que una niña de 20 años que había sido Reina de la Feria en el año 1957 quedó de Miss Universo al año siguiente. Con la corona que trajo Luz Marina Zuluaga de Miami, pero sobre todo su sonrisa, la Feria de Manizales despegó y llegó a posicionarse como la Feria de América. Donde está una reina, están las cámaras y en esa época los micrófonos. Todo el mundo acudió a ver a la mujer más bella del mundo. Ya con esa afluencia de gente, organizar reinados, toros, desfiles y demás actividades era algo sencillo, porque lo más difícil, la atención, se había captado.
La Feria, proyecto seguramente diseñado en el café El Polo por hombres inspirados, y ratificado en la Alcaldía, se debe entender como otro de esos grandes proyectos de ciudad que han movido a Manizales, como su misma fundación, la creación del Departamento, la construcción del Ferrocarril de Caldas, su reconstrucción después de los incendios o la hechura de la Catedral, que fue el edificio más alto de Colombia por varias décadas.
Hoy, con la necia prohibición de los toros, con la que Manizales fue obligada a cancelar una tradición estrechamente vinculada a su mayor fiesta que fue impuesta por una muy activa minoría, la Feria está en crisis. No hay Luz Marinas que saquen, literalmente, la cara por ella; los abnegados José Marías Gómez tampoco existen y faltan, por supuesto, los Óscar Hoyos y los Mario Vélez que le den un nuevo rumbo a esta parte de la idiosincrasia nuestra.
Me enteré de la propuesta hecha por la Promotora de Eventos y Turismo, cuyo director pretende reemplazar a los toros con un evento de modas y de gastronomía. Se nota que ese funcionario no sabe qué teclado tiene en frente de sus manos y, por supuesto, no sabe sacarle una nota precisa a ese instrumento, fuera de que a su jefe, la cultura poco le interesa y por ende no entiende que las fiestas nacen de la cultura; que la Feria, como un rompecabezas, se compone de miles de piezas culturales.
Esta gente, llamada gobierno, se ha puesto a meditar en ¿qué vemos en los toros para poderlos reemplazar con algo que nos llene ese pedazo de alma que quedará vacante? Para ellos se trata de cumplir una prohibición, no la de sostener el espíritu de la Feria. Para ellos todo es un acto administrativo, como el decadente reinado que ponen en escena, donde no se respetan reglas y donde la ciudad no gana. Esa gente, que no conoce a la ciudad, sus logros y sus derrotas las de hoy como las de ayer; que realizan documentales promocionales donde la única cara reconocible es la de un director técnico de fútbol, ignorando a todos esos hombres y mujeres sobresalientes que sí le pusieron su impronta duradera a la ciudad, va a arruinar la Feria dejándola decaer en una gran parada donde lo único que alumbrará será el alcohol de color amarillo.
