menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Las urnas movieron las fichas

22 0
15.03.2026

Cada elección legislativa deja la impresión de que algo profundo ha cambiado. Los rostros se renuevan, los discursos se recalibran y las campañas prometen un nuevo comienzo. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento el resultado de las urnas, la imagen que aparece es más parecida a una partida de ajedrez que a un terremoto político: las urnas movieron las fichas, sí, pero el tablero sigue siendo, en lo esencial, el mismo. En términos ideológicos, el nuevo Congreso conserva una distribución relativamente similar a la del período anterior. Las fuerzas de derecha, centro e izquierda mantienen proporciones comparables. Colombia continúa siendo un país políticamente fragmentado en tercios, donde las mayorías se construyen más por negociación. Donde sí se percibe un movimiento interesante de fichas es en la configuración de los partidos, que se fortaleció. El Pacto Histórico y el Centro Democrático consolidaron su presencia y, curiosamente, comparten un rasgo organizativo que parece haberles dado resultado: presentaron listas cerradas, en las que el orden de los candidatos lo define el partido y no el voto preferente de los ciudadanos. También hubo una renovación importante de nombres en el Capitolio. Nuevas caras ocuparán varias de las curules, lo que podría significar estilos distintos de deliberación y liderazgo. Pero, como ocurre en toda elección, la renovación vino acompañada de pérdidas que muchos consideran sensibles. Algunos congresistas que aportaron calidad al debate legislativo no lograron mantenerse. Entre los casos más comentados están los de Angélica Lozano y Katherine Miranda, quienes no alcanzaron los resultados esperados. Al mismo tiempo, hubo movimientos interesantes entre cámaras: figuras como Duvalier Sánchez y Cristhian Garcés dieron el salto de la Cámara de Representantes al Senado, después de desempeños que, desde posiciones ideológicas opuestas, fueron reconocidos por su seriedad. No todo el movimiento de fichas fue alentador. Varias curules siguen ocupadas por representantes vinculados a dinámicas familiares o clanes políticos regionales cuestionados. Casos como los de Wadith Manzur y Karen Manrique, recuerdan que el país aún enfrenta el desafío de depurar sus prácticas políticas. A pesar de las críticas apresuradas lanzadas por el presidente, el sistema electoral colombiano volvió a demostrar una capacidad razonable de organización y transparencia dentro de las complejidades propias de una democracia. Esta se fortalece corrigiendo sus fallas, no erosionando la confianza pública en sus reglas. La verdadera incógnita vendrá ahora. En un Congreso donde ninguna fuerza domina, los partidos que quedaron en el centro del espectro pueden convertirse en piezas codiciadas para la construcción de mayorías. Quien llegue a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto tendrá la tarea de iniciar una nueva partida para asegurar gobernabilidad. Ojalá esa partida no se juegue, una vez más, con la vieja lógica de la danza de contratos, puestos y componendas que tanto ha deteriorado la confianza ciudadana. Colombia necesita algo distinto. Si las urnas ya movieron las fichas, lo que ahora espera el país es que el Congreso demuestre que también puede cambiar la forma de jugar la partida.


© La Patria