Pérdida de glaciares y regulación hídrica
En la región Andina de Colombia, donde los actuales escenarios de cambio climático para el 2026 muestran una transición crítica para pasar de esa temporada de lluvias intensas asociadas a frentes fríos y una Niña, que dejó más de 600 emergencias por inundaciones y deslizamientos, hacia otra temporada con sequías extremas que se espera para el segundo semestre, de darse el Fenómeno de El Niño que se anuncia. Tras el paso a un ENSO Neutral entre abril y mayo, con el 68% de probabilidades se tendría El Niño entre junio y agosto, aunque la intensidad potencial sigue siendo incierta según el Centro de Predicción Climática de la NOAA: la probabilidad de que sea ‘fuerte’ es de una entre tres para octubre-diciembre, lo que se traducirá en altas temperaturas y severa reducción de precipitaciones. Esta amenaza puesta en evidencia con el retroceso de glaciares andinos que aún continúan perdiendo masa crítica, ya que Colombia enfrenta una crisis acelerada, asociada a la pérdida de más del 60% de su cobertura en las últimas cuatro décadas, dado que actualmente sólo quedan aproximadamente 30 km² de hielo, de ellos menos de 5 en el PNN Los Nevados, para una pérdida anual del 4% que los afectará. Los sistemas glaciares como reservas naturales de agua en los andes colombianos, mediante la infiltración regulan caudales en períodos secos y sostienen ecosistemas estratégicos aguas abajo. Pero con su retroceso como fenómeno irreversible que pone en riesgo los ecosistemas de páramo y la biodiversidad de alta montaña, sumado a la contaminación de las fuentes hídricas y al aumento de eventos climáticos extremos, se está comprometiendo la seguridad hídrica. La seguridad hídrica no depende solamente de estos sistemas nivales y de los páramos, sino también de la integridad de los ecosistemas de alta montaña, donde entran los bosques altoandinos situados entre los 2.800 y 3.800 m.s.n.m. que actúan como “fábricas de agua” abasteciendo a más del 70% de la población del país, razón por la cual a largo plazo con la pérdida del suministro de agua, están quedando comprometidas estas comunidades. Queda entonces que, para la regulación hídrica, además de los glaciares, también los bosques altoandinos y páramos asociados como sistemas que almacenan agua con su vegetación densa y luego la infiltran, garantizando así un suministro hídrico constante no sólo durante el invierno, sino también en temporadas secas, gracias a un proceso vital para mantener los acuíferos que son la fuente que nutre el caudal de los ríos que nacen en la alta montaña. En el país, así como Bogotá depende de Chingaza y Sumapaz, en la ecorregión cafetera contamos con el PNN Los Nevados que en sus 58.000 hectáreas reúne el 42% del páramo en la región y los glaciares que desaparecen, lo que se suma a la pérdida de los ecosistemas de bosques altoandinos como parte del cinturón de protección hídrica de la ecorregión, necesario para abastecer de agua a más de 3 millones de personas de Caldas, Risaralda, Quindío y Tolima.
