Los duelos y el calvario de los procesos legales
Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com
Una cosa es estar en duelo por la muerte de un ser querido, no tener alientos para hacer nada, vivir el día a día con el reclamo por la ausencia del ser amado, quejarse por la soledad, sentir que el miedo y la oscuridad son las únicas compañías. En fin, darse cuenta de que no hay vuelta atrás, que no hay forma de cambiar la realidad. Y otra muy distinta, es dar comienzo a los procesos legales, empezar el calvario de ir de oficina en oficina, a llevar cantidad de documentos, a rogar la atención de diferentes profesionales que de seguro saben hacer bien sus labores. No obstante, algunos de ellos carecen de amabilidad y empatía.
Una persona en duelo expresa: “En medio del caos por el duelo, había que empezar a hacer la sucesión. Yo no quería ni levantarme, me sentía enferma, la familia comenzó a hacer presión, a llamar con insistencia, yo quería desaparecerme, ‘es algo que hay que hacer pronto’. Por fin, eso sí acompañada (no era capaz de salir sola), llevé los documentos al contador y al abogado y ahí empezó el otro calvario, traiga esto, traiga lo otro, venga con un testigo y luego silencio. Van ocho meses desde que empecé a hacer esas diligencias. Sin embargo, no contestan, es como si se los hubiera tragado la tierra y la familia ahí… presionando”.
Es claro que los jurisconsultos que realizan estas gestiones, no están en duelo y quizás desconocen los cambios emocionales y físicos por los que atraviesan los dolientes. Sin embargo, esta no es excusa para demorar eternamente tales trámites y menos para ignorar la necesidad de las familias en duelo.
El tiempo, la realidad y los procesos de los duelos tienen múltiples y diversos matices y ritmos visibles, invisibles o invisibilizados. Otra cara de esta compleja realidad transita por las acciones profesionales presentes en estos procesos: no es solamente el movimiento emocional por la pérdida o desacomodo de la normalidad cotidiana debido a la ausencia de otro u otra en la persona sufriente, es que enfrentar todos esos requerimientos legales, financieros y económicos que se tienen que resolver en estas nuevas condiciones, es asumir en la propia piel, la falta de humanidad que existe en nuestro país, en estos casos.
Por otra parte, para la profesora María Cristina Palacio, la realidad de los duelos en algunas familias hace visible un escenario cotidiano en el cual emerge una caja de pandora, una puerta por donde comienzan a traspasar reclamos, exigencias, compromisos no reconocidos, construyendo desde una perversión utilitarista, una narrativa de derechos económicos que justifican y compensan el ‘dolor’ de la ausencia.
Las prácticas legales deshumanizadas, aumentan el estrés y la ansiedad de los dolientes, quienes en cada trámite reafirman la ausencia del ser querido y la lentitud para resolver tales procesos legales. Es una manera de invisibilizar el dolor y de someter a los dolientes a los tiempos de los profesionales, quienes con arrogancia se justifican y argumentan que es por falta del tiempo. La desidia, el irrespeto, la ineficacia y hasta el desprecio, son quejas cotidianas de hombres y mujeres, seres sufrientes que viven entre el duelo y el calvario.
* Psicóloga - Docente de la Universidad de Manizales.
www.fannybernalorozco.come.
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