Once Caldas: clasificado, pero vacío
El Once Caldas no manda... sobrevive. Un insípido empate. Antes convencía y celebraba, hoy resiste y sufre.
Algo anda mal. Dejó de hablar desde la pelota. Desde su estilo. No seduce con su técnica, con su juego asociado, ese que hace muy poco era el argumento para el aplauso.
Siempre, en este torneo, en lo alto y no por casualidad. Al contrario por su prolijidad, por su estética, por el gusto en el toque que impone respeto.
En el último partido, Joan Parra fue la figura. Eso, más que un elogio es una señal de alarma. Cuando el portero sobresale, el equipo falla, se debilita, como ocurrió esta vez, en el control del rival, sin las secuencias largas de pases, con fallos en las cuatro fases del juego, especialmente en las transiciones defensivas.
Ante Llaneros, el punto fue gran botín, aunque inconsecuente con lo presentado. Equipo desordenado, sin compactación, débil en las marcas. Por poco pierde lo conseguido, en el último suspiro, por un fallo colectivo.
Este Once inconexo, poco profundo, sin sorpresas y sin remates. Expuesto, frágil, que vivió el partido al limite.
El Once tuvo posesión constructiva cuando la lluvia azotaba. Tras el parón, un día después de la tormenta, todo cambió. Se ahogaron los conceptos y el buen juego.
Sin veredictos concluyentes, aunque hasta ahora clasificado, el presente para el Once es confuso, por el descenso en el rendimiento de varios de sus jugadores. Pipe Gómez, Zuleta, Barrios y Cuesta, futbolistas dominantes y decisivos en partidos del pasado, no rinden al nivel acostumbrado.
Los empates sostienen, pero no tranquilizan. Hay, en el ambiente, una sensación incomoda. Algo no fluye, algo no conecta. Las cifras no mienten. Errores que se aprecian en la periferia del área, donde es notoria la ausencia de marcajes firmes. Allí esta el talón de Aquiles. P.D.: El rendimiento de la selección en la actualidad, no responde a los estándares de un mundial. No logra ventajas funcionales, numéricas, posicionales, cualitativas, dinámicas o socio afectivas. Hay futbolistas, pero no hay juego… ni técnico. Hay rosca, no hay equipo.
