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Terapia de Shock: El despertar de América, por José Romero

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“Se puede engañar a muchos durante algún tiempo, también se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

¿Es casualidad que los pueblos de Argentina, Bolivia, Chiles, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Trinidad & Tobago optaron por un giro a la derecha, lejos de las ofertas de la izquierda populista?

Si algo resulta cierto es que nada convence más que la verdad, sobre todo si la verdad es aprendida por las malas, con dolor o miedo. Y a pesar del ejemplo que significaba lo ocurrido en Venezuela, los ciudadanos de diferentes países cayeron en las ofertas de los discursos populistas, cargados de mensajes en los que se hablaba de “justicia social”, apelando al victimismo, clientelismo y asistencialismo, en fin, todos los recursos retóricos utilizados por la izquierda para convencer a la gente apelando a sus emociones y a sus necesidades, jamás a sus responsabilidades.

Tal vez, ver que estaban siguiendo los pasos, el libreto, que condujo a los venezolanos a perderlo todo, les hizo reaccionar, reflexionar, analizar y comparar acerca de cómo estaban sus países y que estaban a tiempo para cambiar sus situaciones.

Pero ese aprendizaje fue más allá de hacer cambios pendulares, es decir, moverse hacia el “otro lado” de las ofertas los partidos de siempre. En esta ocasión, el factor común fue la aparición de liderazgos, de personas, que decidieron irrumpir en el terreno electoral sin representar a los politiqueros tradicionales y optaron por decir verdades, verdades duras, algunas de las cuales incluyeron hacer énfasis en que cada persona tiene responsabilidades, obligaciones, no solo “derechos”. Que el Estado debe dedicarse es a facilitar a los ciudadanos las condiciones, las oportunidades, para que cada quien disponga de servicios básicos y acceso a las posibilidades de trabajar, estudiar… Luego de eso, en la medida de su esfuerzo, constancia y talentos, cada quien obtendrá los resultados necesarios para surgir y mejorar.

Se acabó eso de que “te lo mereces” como afirmación, sino ¿Te lo mereces? Como acto de reflexión.

Estamos construyendo sociedades con ciudadanos, por primera vez, con la capacidad de ver más allá de un eslogan pegajoso, ahora son capaces de preguntar: ¿Es necesario? ¿Cuánto va a costar?, ¿de dónde van a sacar los recursos? ¿quién lo va a supervisar?

El simple acto de votar recobró su valor. Saber que, si tú no votas, otro elegirá por ti. Que el día de elecciones debes mirar al cielo y agradecer a todos esos que dieron sus vidas para que tengas ese derecho, ese privilegio, para que nadie más decida tu futuro.

Quién iba a pensar que de tanto cacarear y manosear la palabra revolución, ésta llegó por la derecha.


© La Patilla