José Romero: La inacción es una opción
Desde el momento mismo que Hugo Chávez se burló del solemne acto de juramentación al asumir el cargo como primer mandatario, al llamar “moribunda” a la constitución vigente, esa misma cuyas garantías, a pesar de ser él un asesino golpista, le permitió convertirse en presidente, era obvio y reiterativo el absoluto desprecio que tenía por el ordenamiento jurídico y el estado de derecho en Venezuela. Por lo tanto, nadie, después de semejante afrenta, nadie podría sorprenderse de lo que vendría.
Hubo mucha gente culta, formada, inteligente, con experiencia política, que genuina, ingenua y hasta irresponsablemente, creyó y convenció a otros no tan cultos y expertos, que era una idea genial llevar a un militar mediocre a la posición de presidente, como solución a la coyuntura política que atravesaba Venezuela en ese entonces, cuyos planes (según se supo luego de la investigación de sus golpes fallidos, porque el del 27/11/1992 fue de su misma gente), eran asesinar al presidente junto a toda su familia y quienes se interpusieran en esa operación, capturar a los dirigentes políticos del país, para llevarlos al estadio universitario y, al estilo de Fidel y el Ché, someterlos unos “juicios populares”, para fusilarlos allí mismo.
La única y tristemente perdida oportunidad en que se pudo remediar ese error histórico, fue el 11/04/2002, pero, una vez más, la clase política y el alto mando militar, se equivocaron en sus decisiones, permitiendo que Chávez regresara al poder tan solo 48 horas luego. Pero el Chávez que regresó, aprendió de sus errores y actuó en consecuencia: Populismo para la........
