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Felo Jiménez: El oro de las cicatrices

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19.09.2026

Hacia un país antifrágil: salir más fuerte desde el quiebre

Hay una generación de venezolanos que no sabe lo que es salir a la calle sin mirar hacia atrás. Que no conoce la libertad de opinar sin calcular las consecuencias. Que creció sin poder imaginarse comprando un carro, consiguiendo una casa propia o simplemente planificando el año siguiente con alguna certeza de que los planes tendrían sentido.

No es su culpa. El país de hoy es lo único que conocen.

Y cuando uno trata de explicarles cómo era Venezuela antes, no hay incredulidad en sus ojos. Hay algo más doloroso: la incapacidad de imaginarlo. No porque sea difícil de entender sino porque nunca tuvieron un referente real. No vivieron otra cosa. Y ya se sabe que lo que no se ha vivido es difícil de imaginar.

Quiero ser claro en algo. No estoy hablando de volver a esa Venezuela. Ese país tenía sus propios problemas, desigualdad, corrupción, instituciones débiles, una dependencia del petróleo que nunca se resolvió bien. Nadie debería idealizarla. Pero fue infinitamente mejor que lo que existe hoy. Y eso importa porque si uno toma como punto de partida la Venezuela de ahora, cualquier mejora mínima va a parecer un logro extraordinario. Si uno toma como referencia la Venezuela que existió, con todas sus fallas, la vara queda donde debe estar y el objetivo real queda visible.

Ese es el ejercicio. No para mirar atrás. Para entender la magnitud de lo que se puede llegar a ser.

¿Qué era esa Venezuela? Era un país donde ese muchachero en la calle hablando, jugando, paseando a cualquier hora era parte de la vida normal. Donde opinar, disentir, criticar al gobierno era un derecho........

© La Patilla