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Dayana Cristina Duzoglou Ledo: El espejismo del Salvador

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11.06.2026

Una de las mayores tragedias de Venezuela, además de Chávez y Maduro, ha sido la persistente necesidad de convertir políticos en redentores y elecciones en actos de fe. Esa creencia de que un individuo puede arreglarlo todo, de que basta con depositar esperanza en alguien con carisma o promesas grandilocuentes para ver cambios reales, ha alimentado ciclos políticos que han traído división, desilusión y crisis profunda.

Ese patrón nunca ha sido exclusivo de un lado del espectro político. Desde Hugo Chávez hasta figuras de la oposición como Manuel Rosales o Arias Cárdenas, se ha repetido el mismo error: poner expectativas desproporcionadas sobre un supuesto líder y su discurso. Hoy, cuando el país todavía intenta recomponerse tras casi 30 años de caos, esa forma de pensar merece ser cuestionada y corregida con la mayor celeridad.

La idea del mesianismo político —creencia de que un líder excepcional puede, por sí solo, resolver los problemas estructurales de una nación —se ha consolidado en Venezuela como una especie de mito moderno. Los líderes carismáticos seducen cuando prometen justicia, bienestar y cambio radical; pero esa seducción emocional con frecuencia sustituye el análisis riguroso de políticas públicas, el fortalecimiento institucional y la construcción de ciudadanía crítica. En otras palabras: los venezolanos nos hemos enamorado más de proyectos de salvación personal que de proyectos colectivos de país.

El destructor de Venezuela, Hugo Chávez, entendió cómo encender esa chispa. Su discurso de odio e inyección de resentimiento que apelaba a la........

© La Patilla