David Morán Bohórquez: Venezuela ya abrió su petróleo una vez. La pregunta es por qué ahora lo hace de manera tan imperfecta
«Chris Wright está manejando Venezuela y haciendo un gran trabajo.»
— Donald Trump, 23 de julio de 2026, durante una alocución sobre la gestión energética y los acuerdos petroleros.
La llegada a Venezuela del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y los acuerdos petroleros que Washington está impulsando con Caracas han colocado nuevamente al petróleo venezolano en el centro de la geopolítica energética.
Chris Wright es, sin duda, un protagonista con muy buenas credenciales
Ingeniero, empresario y emprendedor energético, fundó Pinnacle Technologies, trabajó en el desarrollo de tecnologías para la fracturación hidráulica, presidió Stroud Energy y posteriormente dirigió Liberty Energy, una de las empresas estadounidenses más importantes de servicios de fracking. Su experiencia está directamente vinculada con la revolución del shale que transformó la industria energética estadounidense.
Pero precisamente por eso conviene formular una pregunta diferente:
¿Tiene Chris Wright experiencia en diseñar el marco institucional de una apertura petrolera nacional?
Su currículo demuestra una amplia experiencia en tecnología, producción, servicios petroleros y gestión empresarial.
La respuesta, al menos a partir de su trayectoria profesional conocida, es no.
Y esto no constituye una descalificación. Es simplemente una diferencia de competencias. Porque Venezuela enfrenta hoy un problema que no es solamente tecnológico ni financiero.
Es, fundamentalmente, institucional.
Y en esto existe una paradoja histórica que debería ser imposible ignorar:
Venezuela ya hizo ese experimento.
Y lo hizo mucho antes de que Chris Wright llegara al gobierno estadounidense.
1- La Apertura Petrolera venezolana
La llamada Apertura Petrolera comenzó a diseñarse durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y fue profundizada durante el segundo gobierno de Rafael Caldera.
No fue un proceso improvisado.
Se construyó sobre distintas modalidades de participación privada: convenios operativos para campos marginales, asociaciones estratégicas para desarrollar la Faja del Orinoco y mecanismos de exploración a riesgo y ganancias compartidas.
Durante el gobierno de Caldera, además, el proceso fue sometido al Congreso Nacional.
En 1996, por ejemplo, el Congreso aprobó los convenios de apertura mediante el esquema de ganancias compartidas, mientras PDVSA, a través de la CVP, establecía asociaciones con empresas nacionales y extranjeras.
El propio Rafael Caldera destacaba en su mensaje al Congreso de 1996 que la apertura permitía la participación privada nacional y extranjera mientras preservaba la soberanía del Estado y el protagonismo de la industria nacional.
Y el resultado fue una extraordinaria movilización de capital y tecnología.
Llegaron grandes compañías internacionales. Se desarrollaron proyectos de la Faja del Orinoco. Se construyeron instalaciones para producir y mejorar crudos extrapesados. Se recuperaron campos maduros.
Y Venezuela llegó a producir alrededor de 3,3 millones de barriles diarios en 1998.
No fue un modelo perfecto. Ningún modelo petrolero lo es.
Pero consiguió algo esencial: crear mecanismos para que el capital internacional se animara a competir por participar en el desarrollo de los recursos venezolanos.
Esa experiencia debería ser el punto de partida de cualquier discusión sobre la nueva apertura.
2- La gran diferencia
Aquí está el núcleo del problema.
Una cosa es atraer empresas petroleras. Otra, mucho más compleja, es crear un mercado petrolero abierto.
Para lo primero se necesita petróleo, capital, tecnología y rentabilidad. Para lo segundo se necesita además una arquitectura institucional.
Hay que definir entre otras cosas:
cómo se asignan los campos;
quién puede participar;
cómo se seleccionan los operadores;
qué régimen fiscal se aplica;
cuánto pagan de regalías e impuestos;
cómo se distribuye el riesgo;
qué derechos conserva el Estado;
qué derechos adquiere el inversionista;
cómo se resuelven las controversias;
cómo se garantiza el acceso a infraestructura;
cómo se comercializa el petróleo;
cómo se evita la concentración;
cómo se transparentan los contratos;
y cómo se asegura que Venezuela capture una proporción adecuada de la renta petrolera.
Eso es ingeniería institucional, no sólo ingenieria petrolera
Y Venezuela ya tiene una experiencia propia y muy valiosa en esa materia.
3- No hay que inventar desde cero
Este debería ser uno de los principios de la nueva política petrolera venezolana.
No se trata de copiar la Apertura Petrolera de los años noventa. Han pasado treinta años. El mundo cambió. La industria cambió. Los mercados cambiaron. La geopolítica cambió. La tecnología cambió.
Y Venezuela cambió radicalmente.
Pero........
