Venezuela: petróleo, tutela y la nueva dependencia, por Antonio de la Cruz
Hay momentos en la historia de los países en que una cifra deja de ser una cifra y se convierte en destino. Para Venezuela, esa cifra podría ser ahora 65.000 millones de barriles de petróleo.
El acuerdo anunciado por la Administración de Donald Trump parece, contemplado desde Washington, una obra maestra. Estados Unidos obtiene acceso estratégico a una gigantesca reserva de petróleo situada a pocas jornadas marítimas de sus refinerías; reduce su vulnerabilidad frente al golfo Pérsico; desplaza de algunos activos venezolanos a rusos y chinos; incorpora capital estadounidense a la recuperación de una industria devastada y, además, asegura condiciones privilegiadas para adquirir parte de la producción.
Difícilmente podría imaginarse un acuerdo más favorable para una potencia.
La pregunta incómoda es otra: ¿lo es también para los venezolanos?
Conviene formularla así porque durante demasiado tiempo Venezuela ha cometido el error de confundir la riqueza de su subsuelo con la prosperidad de sus ciudadanos. Poseer petróleo no hizo rico al venezolano. Hizo rico al Estado. Y un Estado inmensamente rico en una sociedad institucionalmente débil terminó siendo una formidable máquina de clientelismo, corrupción y dominación.
Ahora podría comenzar otro experimento.
Esta vez no sería la nacionalización revolucionaria ni la soberanía petrolera, sino una gigantesca apertura hacia Estados Unidos bajo consideraciones explícitas de seguridad nacional.
El nuevo mapa
El acuerdo es impactante por su dimensión. Según sus términos anunciados, North American Blue Energy Partners recibiría concesiones sobre 17 campos durante 100 años, vinculadas a unos 65.000 millones de barriles de reservas. Pero las cifras verdaderamente importantes son otras.
Washington obtendría una participación económica significativa en la estructura empresarial, derechos de gobernanza y acceso privilegiado a la producción. Parte del petróleo podría adquirirse a costo de producción y utilizarse para reforzar las reservas estratégicas de petroleo estadounidenses. El resto quedaría sometido a derechos preferenciales de compra.
Esto convierte al petróleo venezolano en algo diferente. Ya no sería solamente una mercancía. Sería un instrumento de seguridad nacional. La diferencia es enorme.
Durante décadas, Venezuela observó el petróleo desde Caracas: cuánto producir, cuánto exportar, cuánto ingresar al presupuesto. Estados Unidos lo contempla ahora desde un mapa mucho mayor donde aparecen Irán, Rusia, China, el estrecho de Ormuz, las reservas estratégicas,........
