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Croniquilla | Oasis de paz

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16.05.2026

A aquel lejano pueblo de la provincia de Ocaña de nuestro departamento Norte de Santander llegó en 1950 como párroco el padre José Francisco Rodríguez Salazar. Además de encontrar tal atraso que era el único municipio sin carretera, también se percató de que la gente era violenta, particularmente la del área rural, afectada por la pobreza y el analfabetismo. Bien recuerdo sus homilías al respecto: “Cómo es posible – tronaba desde el púlpito - que no puede pasar un domingo sin que en la tarde ya haya hasta tres hombres muertos a cuchillo, fruto siempre de la borrachera. ¡Y ello dizque en un pueblo cristiano, católico!”. 

En verdad, aquello se había vuelto un paisaje. Los campesinos arrimaban el domingo al poblado a cumplir dos tareas principales: asistir a la misa y luego mercar para la semana. Pero una vez comprados o fiados los víveres en las tiendas, pasaban a las cantinas a tomarse una cerveza de brindis con el amigo, o con el compadre,........

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