Fútbol: pasión y juego limpio. Lecciones por aprender
Así no sea mi deporte favorito, el fútbol ha sido parte de mi vida. La casa de mis nonos quedaba a solo dos cuadras del Estadio General Santander y del barrio Quinta Bosch, donde pasé mi infancia. Estaba tan cerca del “Coloso de Lleras” que se escuchaba la algarabía tras cada gol. Traté, infructuosamente, de aprender a jugar en sus calles cuando todavía se podía y en el parque de La Ceiba, hasta que una Navidad me regalaron una raqueta de tenis y dejé de preocuparme por el balón.
Estos recuerdos, que seguro muchos comparten con un apego mayor, reflejan un vínculo emocional extraño: nos volvemos hinchas del equipo local y del país en que nacemos, haciendo cada vez más difícil ver un partido de forma neutral, objetiva y tranquila, sin que el corazón se quiera salir del pecho.
Tengo muy buenos recuerdos; algunos tan vivos como si los hubiera........
