De culpa en culpa, y nada cambia
El caso de Ana Lucía, la niña de nueve años que fue asesinada por el novio de su tía y cuyo cuerpo fue abandonado en una alcantarilla, es desgarrador. Muestra, una vez más, lo indolente que sigue siendo nuestra sociedad frente a la violencia contra la niñez.
En Bogotá se ha hablado mucho durante los últimos días sobre niños, niñas y adolescentes desaparecidos. Los medios han hecho seguimiento, las autoridades han respondido y los defensores de los derechos de la infancia han encendido las alarmas.
Suelo publicar con frecuencia casos de violencia infantil y la constante es desalentadora: mientras cualquier debate político genera miles de reacciones, las noticias que involucran a la niñez casi pasan inadvertidas. Aparecen, conmueven a algunos y, pocos días después, quedan sepultadas por la siguiente coyuntura.
¿Cómo es posible que un crimen que debería estremecer a todo un país desaparezca de la conversación en cuestión de días, como si nunca hubiera ocurrido?
Es entonces cuando comienza el conocido peloteo de responsabilidades: la Policía, el alcalde, el Gobierno, el ICBF. Siempre aparece alguien a quien........
