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Reconocimientos tardíos

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22.03.2026

Pasa el tiempo y hay amigos que se van. Algunos de ellos le han servido a su ciudad, a su región, y probablemente se fueron de este mundo sin el reconocimiento debido. Uno de ello fue Julio García Herreros, quien dedicó varios años de su vida a una de las actividades más nobles en la vida: la cultura.

Sin duda uno de los legados más importantes que un ser humano le puede dejar a su región, es, como lo hizo Julio, dejarle a su ciudad y la región la feria del libro que se ha convertido en uno de los mejores eventos que hoy en día tiene la ciudad.

No es fácil encontrar en el mundo de hoy alguien que dedique los mejores esfuerzos de su vida para una actividad noble, y no a conseguir dinero para satisfacer la insaciable vida material. No se si Julio recibió en vida los reconocimientos que merecía.

Este es tardío, pero no por ello es válido. Sobre esto, hablando en alguna ocasión con Manuel Guillermo Cabrera, me recordaba aquel episodio de la muerte del futbolista Andrés Escobar, en el que entrevistaron a su mejor amigo, “Barrabás Gómez”, y sobre la muerte de su amigo dijo que “no tenía remordimiento alguno, porque todo lo mejor se lo había dado en vida”. Así debería ser.

Otro amigo que se fue por estos días: Carlos Gamboa Sus. Persona muy grata, “cucuteño” como el que más, excelente conversador; una charla con Carlos tenía la ventaja que podía remontarse a episodios muy de la ciudad, podía remontarse a circunstancias y episodios que no los teníamos presente.

En nuestros encuentros nunca faltaba la mención a Pilar y sus hijas. Como suele suceder, nos hizo falta muchos encuentros más, y especialmente porque seguramente sin saber que tenía alguna enfermedad, pocos días antes de su partida me llamó para decirme que cuando sería nuestro próximo encuentro.

La vida y la muerte está llena de episodios absurdos, como este, o como mejor lo escribe el Maestro Cicerón en su reciente libro de poesía: “El día llega y se va sin pausa, …., es la muerte deshaciendo rutas”. El pasado 12 de marzo se cumplieron 33 años del asesinato de Eustorgio Colmenares Baptista. Soy de los que creo que a hoy aún se le debe un reconocimiento a lo que hizo José Eustorgio y Estefanía por la Opinión.

Sobre la muerte recuerdo un episodio que en alguna ocasión viví en París. Estaba en el cementerio de Montparnasse visitando la tumba de Julio Cortázar, y en algún momento vi una mujer repartiéndole pan a las tumbas y hablando con ellas.

Me llamó la atención, me acerqué y hablé con la mujer, alta, rusa y quien en su expresión reflejaba el sufrimiento que había vivido. Le pregunté de esa actitud, y le relataba su vida en la que había perdido toda su familia durante la segunda guerra mundial. Quedó sola y la única manera que encontró para reconciliarse con la vida, fue irse a vivir a París e ir todos los días a sus cementerios para llevarles alimento y hablar con los muertos.

Esto me recuerda al escritor Pablo Montoya, quien hablaba de las poblaciones que han sufrido tragedias, y la manera de reconciliarse era la de llevar esas tragedias a los museos, a los libros, escribir literatura y poesía como una forma de reconciliación.

Citaba como ejemplo Berlín, una ciudad llena de museos y relatos sobre los episodios de la segunda guerra mundial. Bella historia.

Con Diógenes Quintero hablamos pocas veces. Por supuesto que las conversaciones siempre giraban en torno del Catatumbo. Tengo una pequeña publicación sobre la historia y realidades del conflicto.

El episodio de su temprana muerte en el episodio del reciente accidente aéreo cortó esa comunicación. Aquí le dejo un mensaje a su esposa y amigos para continuar con esa actividad.

Otras amigas que se fueron muy pronto. La “ Niña Arlette”, una cartagenera que quiso mucho Cúcuta, como siempre amable y buena amiga. Durante más de 30 años le compré tiquetes aéreos, y frecuentemente cuando lo hacía aprovechábamos para recordar anécdotas de la ciudad.

Mi amiga y excompañera de estudios Clara Ilse Fandiño, también se fue pronto. Todos ellos se han ido pronto, este escrito apenas un pequeño reconocimiento, y gracias por su amistad.

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