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El poder económico del fútbol

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25.05.2026

Hay pocas estructuras empresariales tan singulares como un gran club de fútbol propiedad de sus socios. Frente a las sociedades anónimas deportivas controladas por magnates, fondos de inversión o conglomerados internacionales, aquí el poder formal sigue descansando, al menos en teoría, en miles de aficionados. Y precisamente ahí nace una de las disputas económicas más complejas y fascinantes del deporte moderno.

El poder económico del fútbol

Cuando la propiedad está tan fragmentada, la presidencia deja de ser un simple cargo deportivo para convertirse en la lucha por dirigir una institución capaz de mover cientos de millones de euros, influir socialmente, condicionar decisiones urbanísticas, proyectar una marca global y ejercer una capacidad de influencia pública difícil de encontrar fuera de la política o las grandes corporaciones. Hace mucho tiempo que el fútbol dejó de ser solo fútbol.

Un gran club puede facturar más que muchas empresas cotizadas de tamaño medio. Gestiona derechos audiovisuales, contratos publicitarios, acuerdos internacionales, patrimonio inmobiliario, financiación bancaria, deuda estructural y masas salariales gigantescas. La emoción pertenece a la grada; el negocio, en cambio, es completamente tangible. Y cuando alrededor de una institución circula tanto dinero, el poder nunca resulta irrelevante.

La figura del presidente se mueve en un terreno híbrido, a medio camino entre director ejecutivo, líder político y gestor emocional. Debe ganar elecciones, negociar con bancos, soportar presión mediática, manejar egos deportivos y mantener viva una ilusión colectiva que rara vez concede tregua. El socio no actúa como un accionista convencional, se comporta más bien como un accionista sentimental. Ese matiz lo cambia todo.

En cualquier........

© La Opinión de Zamora