La generación del fuego extremo: más allá de los incendios que lo devoran todo
Incendio en Fermoselle el pasado mes de julio. / Cedidas/Francisco Marcos
Impotencia era la palabra que repetía mi tío Ángel cuando le pregunté por el incendio que asoló Fermoselle en 2017. Junto con el miedo, probablemente sea el sentimiento que mejor describe lo que experimenta una persona cuando observa cómo las llamas se aproximan a su pueblo, cómo el cielo se vuelve naranja y cómo aquello por lo que hemos luchado —una casa, un bosque, un modo de vida— puede desaparecer en cuestión de horas.
Aquel incendio de Fermoselle quemó alred¿Qué significa que un incendio esté
fuera de capacidad de extinción?edor de 1.500 hectáreas. Fue una tragedia enorme para quienes la vivieron, pero su extensión representa menos del 3% de las más de 50.000 hectáreas que, según las estimaciones provisionales, ha arrasado el incendio iniciado en Burgohondo, Ávila. Nunca se había registrado en España un incendio tan devastador.
El dato más inquietante no es únicamente el récord. Según los recuentos provisionales, cuatro de los cinco incendios más extensos registrados en España se han producido entre 2025 y 2026. Zamora ya había sufrido en 2022 una advertencia brutal: los incendios de la Sierra de la Culebra y Losacio calcinaron conjuntamente más de 56.000 hectáreas. Aquello que hace pocos años considerábamos excepcional empieza a dejar de serlo.
¿Qué está sucediendo para que los grandes incendios sean cada vez más veloces, agresivos y difíciles de controlar?
Un incendio con vida propia: Anatomía de los incendios de sexta generación
El incendio de Burgohondo y algunos de los fuegos que estos días castigan el centro peninsular han sido descritos como incendios de sexta generación. Conviene aclarar qué significa realmente esa expresión.
No se trata de una categoría legal ni de una escala universal comparable a la de los terremotos. Es un modelo operativo desarrollado por especialistas en comportamiento del fuego, para explicar cómo los cambios sociales, territoriales y climáticos han ido planteando nuevos desafíos a los sistemas de extinción.
Tampoco significa que los incendios antiguos hayan desaparecido. En un mismo verano pueden convivir fuegos de primera, tercera o sexta generación. La clasificación indica cuál es el factor que permite que un incendio supere las capacidades de control disponibles: primero fue la continuidad del combustible; después, la velocidad; más tarde, la intensidad, la penetración en la interfaz urbano-forestal, la simultaneidad de grandes incendios y, finalmente, la capacidad del fuego para alterar la atmósfera.
Incendios de sexta generación: el nuevo desafío de los montes españoles / .
Un incendio de sexta generación no se define simplemente por superar las 10.000 hectáreas. El tamaño importa, pero lo decisivo es su comportamiento extremo: libera tanta energía que deja de limitarse a responder al viento, la pendiente y el combustible. El propio incendio comienza a modificar el aire que lo rodea.
El calor genera una columna convectiva formada por gases, humo, cenizas y aire extremadamente caliente que puede ascender varios kilómetros. Si la atmósfera contiene suficiente humedad y es inestable, esa columna puede originar un pirocúmulo e incluso un pirocumulonimbo, una auténtica tormenta generada por el fuego.
Estas nubes pueden producir turbulencias intensas, cambios repentinos en la dirección del viento, rayos y corrientes descendentes. Si la columna pierde estabilidad o colapsa, el aire puede precipitarse violentamente hacia el suelo y expandirse en todas direcciones. Al mismo tiempo, las brasas y fragmentos incandescentes son transportados a kilómetros del frente principal, creando nuevos focos detrás de las líneas de defensa. El incendio deja entonces de avanzar como una línea relativamente predecible y comienza a comportarse como un sistema atmosférico caótico.
Es, literalmente, un fuego que fabrica parte de su propio clima.
¿Qué significa que un incendio esté fuera de capacidad de extinción?
Cuando los responsables de emergencias afirman que un incendio está «fuera de capacidad de extinción» no están diciendo que los bomberos hayan dejado de trabajar ni que el incendio sea eternamente inapagable.
Significa que, durante determinadas horas y en algunos sectores, la intensidad del frente supera el nivel en el que puede realizarse un ataque directo con unas garantías mínimas de eficacia y seguridad. En ese momento, arrojar más agua o situar más personas delante de las llamas no resuelve el problema: puede convertir una emergencia ambiental en una tragedia........
