Confesiones de un amante
Hemos roto. Después de 56 años de relación hemos decidido seguir por caminos diferentes aunque, a decir verdad, debo reconocer que he sido yo quien ha provocado la ruptura. Sin dramas y de forma civilizada, eso sí, sin llantos ni reproches. Simplemente la dejé.
Recuerdo cuando nos conocimos. Fue durante un viaje rápido, posiblemente al norte peninsular huyendo de la canícula veraniega aunque después de tanto tiempo no podría precisar el lugar exacto. Éramos muy jóvenes entonces y ansiábamos descubrir el mundo, pero en aquel agosto asfixiante nada hacía presagiar que lo haríamos envejeciendo juntos.
Desde entonces su entrega ha sido incondicional. Su comportamiento, siempre el mismo. Exactamente igual, no importaban las circunstancias. Tanto en los andenes de estaciones extranjeras con nombres impronunciables como en la rutilante suite con jacuzzi y champán de bienvenida o en la habitación de un sórdido hotelucho, que de todo hubo, siempre se dejó querer.
Yo conocía sus pliegues más íntimos y mejor guardados. Ella mis aficiones, mis gustos, mis lecturas preferidas. Sabía de mis achaques, todo sobre mis frecuentes taquicardias y repentinos cambios de humor. A lo largo de estos años siempre me fue fiel y nunca oí un reproche de sus labios. ¡Jamás! ¡Ni una queja tan siquiera la tarde en que la dejé!
Entre nosotros no había secretos y para quienes sabían de nuestro romance fue una ruptura inesperada, sin embargo, lo cierto es que con el paso del tiempo mis infidelidades se habían ido repitiendo cada vez con más frecuencia. La pasión se fue apagando y con su desaparición final llegaron las dudas. La ruptura era inevitable. Hace días se consumó.
Estaba en el fondo del escaparate y en un primer momento pensé que era perfecta para ocupar su lugar. Con las medidas adecuadas a mis necesidades y un precio razonable era justo lo que buscaba. La única duda era cogerla con dos o cuatro ruedas. Finalmente opté por la segunda de las opciones y ahora estoy más que satisfecho con la decisión que tomé.
Mi mujer tuvo algo que ver en la compra, la verdad: "Después de 56 años ya es hora de que cambies la maleta por otra más cómoda y manejable…", dijo con tono de reproche la otra tarde mientras yo la contemplaba un tanto dubitativo, "… No le des más vueltas. ¡Entra y compra esa maleta de una puñetera vez!".
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