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Callejeando por la Historia: Covadonga (I)

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07.04.2026

Covadonga, reconocida como Lugar Mágico de España, combina paisaje, historia y espiritualidad en un entorno único / Pueblos Mágicos de España

Con la desaparición de Abdalacid al-Ándalus pierde su carácter conciliador y se desvanecen las esperanzas de quienes habían apostado por una convivencia pacífica entre musulmanes y cristianos.

Le sucede como virrey de Hispania Alahor. El nuevo gobernador se establece en Córdoba y por orden expresa de Damasco prepara de inmediato un ejército para conquistar lo que quedaba de territorio godo en la Galia. El califato tomaba conciencia, finalmente, de la importancia económica y estratégica de sus inmensas posesiones en la península y decidía consolidarlas de manera definitiva. A partir de ese momento se abandona toda idea de temporalidad y los musulmanes se preparan para establecerse definitivamente en Hispania. Ocurría en la segunda década del s. VIII.

Mientras, en las montañas septentrionales de Hispania se habían ido asentando a lo largo del tiempo algunos nobles godos y gentes de la más diversa procedencia, cántabros, astures y vascones, en su mayor parte, aunque también los había llegados de los territorios ocupados. Formaban un grupo heterogéneo y diverso y tenían en común el absoluto rechazo a los invasores.

Aprovechando que el grueso del ejército sarraceno estaba en la Galia, y conscientes de que esta circunstancia les daba cierta libertad de maniobra, aquellas gentes de procedencia tan diversa pensaron que era el momento de proclamar un rey que los uniese y liderase la lucha contra los ocupantes. El elegido fue Pelayo, el hijo de Favila. Había sido conde de los espatarios del rey Rodrigo en la batalla de Guadalete y en las montañas de Asturias, Burgos y Vizcaya eran bien conocidas su experiencia y astucia. Así las cosas, el concilium del monte Auseva lo proclamó princps por unanimidad en el año 718.

Alahor, entretanto, seguía implacable con su campaña a sangre y fuego en la Galia. Según un historiador del pasado, "… entró en las Galias por el Rosellón poniendo tanto terror a los habitadores que los más se rendían con algunas condiciones a su dominio, y los que no eran degollados y destruídos…".

Estaba acuartelado el virrey en torno a Narbona cuando se enteró de la osadía de los astures pero no le dio cuidado. Pensaba que aquella provocación tenía fácil escarmiento de modo que decidió quedarse en su tienda hasta rendir la ciudad y ordenó a Alchaman, un capitán experimentado y fiel, que partiera de inmediato hacia Hispania. El mandato era muy claro: deshacer la fábrica del nuevo reino en las montañas astures y acabar, de una vez por todas, con aquellas gentes levantiscas.

Enterados Pelayo y los suyos de las intenciones de Alahor se prepararon para hacerle frente y, según cuentan ciertos cronistas cristianos, rogaron a la Reina de los Ángeles amparo frente a tan poderoso enemigo y pidieron a Dios los mirase con ojos de misericordia. A tenor de los hechos, bien pudiera pensarse que la osada petición encontró respuesta inmediata y que su Divina Majestad les infundió el valor y fuerza necesarios para infringir duro castigo a los sarracenos. Pudiera ser que así fuera, sin embargo, parece más sensato pensar que la victoria de los montañeses se debió a que el conocimiento que tenían de aquellos profundos valles y quebradas les permitía moverse con más acierto que el enemigo.

Según esos cronistas fue una victoria rotunda, inapelable y, según dicen, con ella comenzó la restauración de España. El relato musulmán, sin embargo, difiere del cristiano: reduce la derrota de Alchaman a un tropiezo sin mayor importancia y tacha a Pelayo de vulgar bandido pero … ¡basta ya de palabras! La batalla en las montañas astures está a punto de comenzar y yo debo estar allí para contarla.

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