Recursos humanos: captación, retención, evaluación del talento
Que la sociedad funcione, es decir, que cumpla con las obligaciones, competencias y expectativas que tiene con el fin de contribuir al más completo y posible fomento de los mundos mejores, depende, obviamente, de la catadura, de la buena voluntad, del afán de superación, del sentido de la responsabilidad, del respeto ajeno, de obrar conforme los imperativos de la razón y del buen hacer, como, por supuesto, su nivel actualizado de conocimientos profesionales.
Y es que las empresas de todo pelaje, las Administraciones Públicas, los sujetos que forman parte de los Poderes Públicos, las organizaciones del tercer sector, alcanzarán mejor sus compromisos con la ciudadanía, según mandatos legales, si observan escrupulosamente las leyes, y ponderan, consecuentemente, a los aspirantes, trabajadores y empleados públicos, según mérito y capacidad, lo que implica cumplimiento de la justicia, y de la disponibilidad del mejor talento, garantía y condición "sine qua non" para satisfacer las necesidades y demandas de interés general.
El talento, pues, es fundamental encontrarlo, disponer de él, saberlo ponderar en cada momento, tratar de mantenerlo, lo que exige mentalidad abierta, sentido del deber, disponibilidad de criterios de justicia por parte de los supuestos responsable del diseño, ejecución, de las políticas de gestión de los recursos humanos que son los que condicionan el buen hacer de la entidad a la que sirven, los que permiten que puedan alcanzar sus objetivos con plenitud, eficacia y eficiencia.
Del conocimiento de la realidad política, sindical, empresarial, social; de poseer madurez, saberes, sentido de la ponderación, de la equidad, de quienes tienen las competencias en la selección y promoción del personal, dependerá que éste sea el más idóneo para formar parte de la plantilla de la organización de que se trate para que cumpla óptimamente sus objetivos sociales, lo que demanda, también, que tengan una elemental personalidad que evite que se dejen influir en las decisiones que hayan de adoptar ad hoc, por dimes y dirites, presiones intolerables.
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