Desde mi ventana
Halcones peregrinos: Bermeja, Cuza y Esla / SEO/BirdLife
Me parece muy bonita, digna de una novela de Bárbara Cartland, la historia de "amores y desamores" que vive un halcón peregrino en la "atalaya", es decir, en lo más alto del edificio de Usos Múltiples de Zamora. Me alegro que Naturzamora siga su devenir, y me ha encantado la historia que contaba, hace unos domingos, nuestro periódico en la que implica a los habitantes de ese "hogar dulce hogar", que también se construyen los animales. Hasta ahí todo muy bonito, todo muy romántico. A pesar del drama que también encierra la historia.
Servidora no tiene nada contra los halcones, ni contra el halcón peregrino ni contra las otras casi 39 especies de halcones distribuidas por el mundo, incluido el "Halcón maltés" de Dashiell Hammett. Los primeros, porque mantienen el equilibrio ecológico, son vitales para la seguridad aérea en aeropuertos y tienen una profunda importancia cultural, concretamente en cetrería. El segundo, obviamente, porque se trata de una estatuilla ficticia de oro y piedras preciosas en la célebre novela.
No opino lo mismo de las "ratas del aire", dignas de ser las destinatarias de la famosa canción "Rata de dos patas" de Paquita del Barrio. Hablo de las palomas. Serán todo el símbolo de la paz que usted quiera, pero son las mayores transmisoras de más de 40 enfermedades. El Ayuntamiento no quiere hacer nada para acabar con las numerosas colonias que campan por sus respetos sobre los tejados de la Zamora urbana, sin caer en la cuenta de que se convierte en cómplice de un problema de salud pública y deterioro estructural que acabará pasándole factura.
A lo mejor al equipo de gobierno le suena a chino, pero estas ratas del aire son vectores de infinitas enfermedades, provocan histoplasmosis, criptococosis y salmonelosis. Dejan parásitos como chinches, piojos y ácaros a través de sus heces secas, nidos y plumas, amén de reacciones alérgicas y problemas respiratorios. Pero, claro, son más importantes las palomas que los seres humanos. No digo que las maten, pero sí digo que hagan una "redada" y se las lleven lejos a lugares adecuados, pensados para ellas, donde no molesten. No es tan difícil. Es cuestión de voluntad.
Desde mi ventana, que es mi atalaya personal, las veo crecer y multiplicarse de forma desproporcionada. ¿Hasta cuándo?
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