Las becas como ascensor social
Becas universitarias. / Shutterstock
En alguna otra ocasión de forma puntual, he traído al presente el pueblo donde vi por primera vez la luz; polvoriento, con casas de adobe y tapial, casas casi uniformes de pequeñas dimensiones, donde se convivía con los animales, generalmente mulas dedicadas a las labores del campo, presididas por puertas de dos hojas, siempre abierta la de arriba como invitando a pasar al transeúnte, hogares romanos, a ras del suelo, calentados por madera de almendros o pino, pequeñas cocinas donde se realizaban, además de las viandas, las reuniones familiares, hacían de lo que hoy denominamos salón comedor, junto a ella se entraba por una puerta a dos o tres habitaciones, y por la otra a las cuadra propiedad de los animales.
Teníamos dos escuelas, con un maestro para los niños, y una maestra para las niñas, (los sexos estaban separados), cuyas ventanas no ajustaban, amén de que los cristales estaban muchos rotos y otros habían desaparecido en parte, y la puerta de entrada, vieja, deteriorada por pintadas o señales groseras realizadas a punta de navajas. El frío en el invierno era en ocasiones congelador, llegando a marcar en ocasiones el barómetro, 10........
